Métrica para la 4T

Para Calderón, la primera prueba de su sexenio fue lograr ponerse la banda presidencial. AMLO lo hará en una ceremonia llena de símbolos, con apoyos mayoritarios en el Congreso y con gran entusiasmo popular. Una suerte de coronación, simbolizada en la recepción del mando de los pueblos originarios, sugiriendo una legitimidad más profunda que la de la democracia electoral. AMLO arrancará como el Presidente con más legitimidad democrática de nuestra historia

Según las encuestas publicadas esta semana, AMLO alcanza altos niveles de aprobación, aunque en la del lunes en El Universal muestra una caída de 9 puntos en tres meses. ¿Cómo podrá la ciudadanía evaluarlo en 12 meses?

AMLO ha prometido muchas cosas. Éstas se pueden resumir en cuatro grandes objetivos: con el fin del neoliberalismo, se espera que la economía crezca significativamente más; la seguridad se recupere de forma notable; la corrupción se reduzca a cero, y los más pobres mejoren su nivel de vida. Son cuatro grandes objetivos que no se pueden lograr en 12 meses, aunque AMLO ha ofrecido celeridad en los resultados. Trae mucha prisa. No ha empezado a gobernar y ya estamos mareados.

AMLO tiene el control del Legislativo. Tiene condiciones para imponer sus ideas, reformas e implementar sus políticas. Ha pensado y defendido muchas de sus propuestas por años. Mientras que Peña Nieto tuvo que tejer el complejo Pacto por México con los partidos de oposición, intercambiando unas reformas por otras, negociando artículo por artículo, AMLO puede dictarle al Congreso las reformas de su preferencia.

Sin embargo, gobernar es muy complicado. Impulsar cualquier objetivo implica un costo, monetario y de muchos otros tipos. Gobernar sin restricciones abre la puerta para cometer errores sin restricciones.

Sus cuatro grandes objetivos se pueden complementar si tienen una estrategia pensada y congruente. Pero también pueden contradecirse. Dependerá también de políticas no vinculadas a sus objetivos centrales.

La decisión de AMLO de cancelar el aeropuerto en Texcoco es un ejemplo de esto último. No es parte de sus cuatro objetivos centrales, pero erosiona el de crecer más en el futuro, no sólo por la cancelación de la obra y su impacto sobre la economía del centro del país, sino por la incertidumbre de tener un Presidente capaz de destruir, de un plumazo, un activo propiedad del Estado mexicano, sin tener una opción claramente viable a la mano. Ni qué decir del método utilizado.

Esta decisión parece explicarse por una obsesión: destruir todo lo posible de lo hecho en las últimas tres décadas. Ya no desea preguntar al sabio pueblo si se debe enjuiciar a los expresidentes por corruptos, sino por neoliberales. Ése es, para López Obrador, el verdadero delito a perseguir.

Entre sus cuatro grandes objetivos hay tensiones. AMLO ha decidido financiar el gasto social y sus obras consentidas apretando al máximo el gasto público, no incrementando los impuestos. Si el resultado es una compactación de estructuras burocráticas tan severa como la esperada, esto hará aún más disfuncional al gobierno. Los mercados financieros ya dieron un primer veredicto de qué pasa cuando los gobiernos se equivocan. Donde no había un problema, ya lo tienen.

AMLO quiere enfrentar el tema de seguridad centralizando todo en manos del Ejército, pero no parece dispuesto a gastar mucho más en el sector. En Tabasco han cambiado la ley para poder asignar directamente obras prioritarias. Esto abre el espacio a mayor corrupción. Por el otro lado, para combatirla a nivel federal propone centralizar las compras de las dependencias gubernamentales en la Secretaría de Hacienda. Esto puede retrasar el gasto público y entorpecer el crecimiento en 2019.

Si gobierna bien, sus objetivos se pueden ir retroalimentando positivamente. Si logra detener la ola de violencia e inseguridad, el crecimiento económico aumentará. Si logra abatir la corrupción, quedarán más recursos disponibles para transferir a los más pobres.

Un buen gobierno depende mucho de los detalles y precisiones de las políticas que se siguen. La prisa, la falta de competencias técnicas de algunos de los funcionarios entrantes, la salida de tantos mandos medios y altos, la falta de un proceso adecuado de discusión y análisis de las políticas por implementarse pueden llevar a obstáculos imprevistos.

En 12 meses veremos si estos cuatro objetivos se están alcanzando. Aventuro mi pronóstico: el crecimiento será menor al de este año. El homicidio no caerá de forma significativa o, incluso, continuará su tendencia al alza. Creo que la percepción de corrupción mejorará, pero ello dependerá de no enfrentar algún escándalo en la materia. En donde celebrarán un éxito es en el reparto de recursos a ciertos grupos sociales marginados. Que eso disminuya la pobreza va a depender en buena de medida de su capacidad para evitar caer en un ciclo de volatilidad financiera, devaluación e inflación.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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