El voto dividido y la composición del Congreso
López Obrador ganó con 53 por ciento de los votos. Sin embargo, los tres partidos que conforman su coalición lograron 44 por ciento en la votación, tanto para la Cámara de Diputados como para el Senado. Si tuviéramos un sistema de representación proporcional puro, en el que la proporción de votos fuera idéntica a la proporción de escaños, AMLO no tendría mayoría en el Congreso
Pero no lo tenemos. En la Cámara de Diputados su coalición tendrá 61 por ciento de los escaños, y en la del Senado, 53 por ciento. En términos de curules, tendrá un amplio mandato, aunque no haya sido así en términos de votos obtenidos.
El partido político más grande siempre ha estado sobrerrepresentado. En 2015, el PRI consiguió en la elección para diputados 31 por ciento de los votos y obtuvo 41 por ciento de los escaños. Esto a pesar de los odiados diputados de representación proporcional, de lista o de partido. Sin estos 200 diputados, es decir, si sólo existieran los 300 diputados de mayoría, Morena y sus aliados tendrían 218 diputados, lo que representa 73 por ciento del total. El PRI en 2015, con 31 por ciento de los votos, obtuvo 155 de los 300 distritos de mayoría.
El régimen de coaliciones permite generar una mayoría aún más amplia. Si Morena hubiera ido solo a la elección, y suponiendo que hubiera obtenido los mismos votos respecto de los ganados en coalición con el PES y el PT, habría tenido 218 diputados de mayoría. Un partido no puede estar sobrerrepresentado más de ocho puntos porcentuales, por lo que sólo le tocarían 52 diputados de representación proporcional, para un total de 270.
Al ir en coalición, Morena obtiene 106 y el PT 57 diputados de mayoría. El PES se quedó con 55 diputados de mayoría, pero al perder el registro no le tocan de representación proporcional. Si a la coalición le sumamos los de representación proporcional, tiene un total de 307. El sistema electoral mexicano favorece al partido más grande. Hoy, Morena lo es. El régimen de coaliciones lo beneficia aún más.
En un sistema presidencial, el Presidente, además, tiene muchos recursos de poder. Es el centro del sistema político. Toda la prensa gira en torno a lo que dice y hace. En palabras de Simón Bolívar: “Elegimos monarcas a quienes llamamos presidentes”.
Pueden lograr ser monarcas aun sin ganar la mayoría de los votos. El caso de Estados Unidos es extremo. Trump obtuvo dos millones 868, 691 votos menos que Hillary. El anacrónico sistema del Colegio Electoral lo hizo Presidente.
Sin haber tenido la mayoría del voto popular, Trump está deshaciendo buena parte de las políticas llevadas a cabo por su antecesor. A través de los nombramientos de la Suprema Corte, Trump definirá el sentido de la misma y, por lo tanto, la definición de qué permite y qué no la Constitución. La política exterior de Trump está destruyendo el sistema de reglas e instituciones construido por Estados Unidos desde los años cuarenta. Así de fuerte puede ser un Presidente.
AMLO sí ganó la mayoría de los votos. 17 millones 503,363 votos más que el segundo lugar, Ricardo Anaya. Tiene toda la legitimidad para construir un nuevo país. Eso fue lo que prometió. Por eso lo eligieron los mexicanos.
Con el Congreso suyo, el reto para hacer funcional esa mayoría es lograr unificar a las fracciones de Morena en ambas Cámaras, donde coexistirán personajes como Napito y Germán Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Gabriela Cuevas, Ricardo Monreal y Nestora Salgado, así como cientos de líderes sociales poco conocidos. El 62 por ciento de los senadores de Morena lo será por primera vez. De eso se trata un cambio en la élite política.
AMLO tendrá también que consolidar su alianza con los huérfanos del PES, quienes antes de obtener su registro como partido en 2014 eran un movimiento conformado por cristianos protestantes. Al perder su registro y por lo tanto quedarse sin partido, lo más lógico es que se integren a Morena, aunque apenas empiezan las negociaciones. Algún mecanismo de coordinación tendrá que operar con los legisladores del PT, un partido que el PRI rescató de la pérdida del registro en 2015 y que ahora tendrá 61 diputados, 16 más que el PRI.
Todos ellos querrán aprovechar su triunfo para redefinir qué país quieren. La pregunta es cómo y en qué. Eso lo iremos viendo en las próximas semanas, primero cuando AMLO anuncie sus prioridades, luego con la integración del Congreso y el debate presupuestal.
A partir del uno de diciembre veremos qué tan capaces son de hacer de su amplia mayoría un gobierno eficaz y estable. Los problemas que lleguen a tener no serán por los obstáculos de sus opositores. Éstos no sólo son una lejana minoría, sino que no están acostumbrados a frenar a la mayoría tomando la tribuna o bloqueando las calles. Quienes hacían eso ahora están en el poder.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
