Quieren su cerebro

¿En qué se parecen Facebook, Google, Santaclós
y un político mexicano? En que necesitan meterse en su cerebro.
       Uno siente que Facebook y Google le regala
un servicio de enorme utilidad. Sin embargo,
le ordeñan toda la información y le cobran el servicio a través de publicidad finamente focalizada.

Muchos de los regalos que dio o recibió en esta Navidad fueron resultado de una buena publicidad de quien vende ese producto. Quizás sus amigos o parientes lograron atinarle a qué quería usted realmente, pero un gran porcentaje de los regalos es poco útil. Nadie sabe mejor que uno mismo sus deseos. Por ello, prefiero regalar dinero, aunque a mi esposa le parezca insensible. Sin embargo, quien recibe efectivo no necesariamente lo gasta en lo que más necesita sino en el producto mejor publicitado.

Los políticos mexicanos son los peores. Con el dinero de todos nosotros compran publicidad para presumir sus cualidades y supuestos logros o para que simplemente a la hora de que seamos encuestados sean más conocidos. Las estrategias pueden ser legales, promover un informe de gobierno, o ilegales, como insertar en noticiarios propaganda que aparece como si fuera una entrevista o una nota periodística. Hay también todo tipo de artimañas para darle la vuelta a la ley, como promover un libro supuestamente de su autoría que nadie va a leer y menos a comprar.

Ya en temporada electoral, los llamados precandidatos, todos sabemos que son ya candidatos, tendrán a su disposición millones de minutos en publicidad electrónica que, por ley, deben asignarles los medios electrónicos. Luego vendrán las campañas oficiales, con aún más tiempo aire. Cuando no haya publicidad de los partidos políticos y de sus candidatos, estaremos inundados de publicidad del INE y de los otros órganos electorales. El INE, sobre todo, para informar sobre el proceso electoral. El Tribunal Electoral para convencernos de su honesto e imparcial papel. Algunos hasta le creen.

¿Se puede hacer algo para proteger su cerebro? Lo primero es prohibir los anuncios en espacios públicos, sobre todo los llamados espectaculares. Muchos de ellos son, de entrada, ilegales. Está prohibido, por ejemplo, colocarlos en azoteas, tienen el riesgo de caerse y causar grandes daños, como sucedió en el temblor. Pocas cosas son más feas que dichos espectaculares. Lo más preocupante es cómo invaden nuestra intimidad. No podemos evitar no ver esos anuncios cuando circulamos por las calles. Por la misma razón debería de prohibirse el radio en el transporte público.

En el resto de la publicidad existente hay un acto voluntario, como leer una revista o prender un aparato electrónico, televisión, radio, computadora o teléfono inteligente. Lo hacemos sabiendo que seremos bombardeados de propaganda.

En la publicidad en Google y Facebook aceptamos sin saber muy bien cómo se van a usar nuestros datos personales. Es increíble que un historiador no puede revisar datos personales en ningún archivo si éstos tienen menos de 75 años de haberse generado, y a nadie parece preocuparle que nuestros datos personales sean comercializados. Sí, se dice que nunca con nuestro nombre, pero, además de los hackeos frecuentemente reportados sobre datos personales en manos de compañías supuestamente serias, no hay certeza de si en algún momento las compañías a las que les damos nuestros datos personales vayan a usarlos con otros fines. En algunos países los datos personales tienen que ser alojados en servidores en el país y con reglas claras sobre su uso. Para colmo, ahora utilizan esa información para insertar, de forma focalizada, propaganda política basada en información falsa.

Hay que prohibirles a los políticos la compra de todo tipo de publicidad, salvo la directamente vinculada a información de claro interés general, como una campaña de vacunación. Con ello se podría disminuir sensiblemente el presupuesto en la materia. Lo poco que quedaría disponible debería asignarse de forma transparente y en función del rating de cada medio de comunicación. ¡Asignar así el dinero público en publicidad fue una promesa del gobierno entrante en el año 2012! Ese dinero pone a los medios de comunicación en una situación de dependencia de gobernantes a los que evitan criticar. También se deberían suprimir los spots electorales y cambiar ese tiempo por debates más amplios sobre los temas relevantes para la ciudadanía, sobre los candidatos y sus programas de gobierno.

Si las vacaciones son para desconectarse, lo ideal sería hacerlo de ese lavado de cerebro al que estamos expuestos. Sin embargo, muchas aerolíneas aprovechan los mensajes de seguridad para insertar publicidad; en las carreteras verá anuncios por todos lados y en su hotel se conectará nuevamente a la televisión o internet para que su cerebro siga siendo manipulado. Si está leyendo este artículo es una prueba de que alguien más también ha logrado meterse en su cerebro...

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