Cuando fueres por camino…

Existe un refrán que sería prudente dejar bien enmarcado en nuestras paredes y en las antesalas de una posible discusión, “cuando fueres por camino, no digas mal de tu vecino”. Así quedó consignado en uno de los libros más importantes de principios del siglo XVII, en el que Gonzalo Correas tuvo a bien recoger este tipo de frases de carácter popular.

Lo interesante es darse cuenta que, como casi todas las frases de este tipo, tuvo su propia evolución a lo largo del tiempo hasta que, en la actualidad, no es extraño escuchar o hallar su derivación al cambiar su última palabra por “enemigo”. En ese sentido, el peso del refrán cambia y adquiere una gravedad aún mayor al acentuarse que la prudencia a veces es la mejor manera de enfrentarse a toda situación y, aún más, cuando la existencia de ese posible “enemigo” se esconde detrás de la brumosa incertidumbre y en algo tan perverso como el cinismo de quienes navegan bajo la bandera de la justicia. De tal suerte que, durante estos días, el refrán se mantiene como la expresión de una advertencia en medio del tráfago de lo que ha ocurrido en diversos lugares del país y, en especial, la Ciudad de México. 

Así, luego de observar  –y como tantos y tantas más, padecer– lo que ha sucedido con las protestas de los trabajadores y trabajadoras del Instituto Mexicano del Seguro Social, es necesario subrayar estas palabras antes de ser devorados por la vorágine de la ambigüedad y una posible injusticia. Tal vez este movimiento nos ha enfrentado con nuestras propias maneras de entender la importancia del IMSS y lo que debería significar su trascendencia para millones de personas en nuestro país. Quizá por ello, ya los especialistas desarrollarán sus argumentos, que implican aspectos laborales y, quién lo podría dudar, políticos y electorales. Sin embargo, también la voz de la ciudadanía debería adquirir una mayor relevancia al ser quienes, en realidad, se constituyen en sus verdaderos usuarios. 

Que no se olvide cada una de estas palabras, “cuando fueres por camino, no digas mal de tu enemigo”, en el momento en el que nos enfrasquemos en la discusión acerca de las demandas de sus trabajadores y trabajadoras, de sus acciones al bloquear importantes vías de distintas ciudades y de todo aquello que se ha vuelto a colocar en esta refriega discursiva: basta con un poco de atención para darnos cuenta que nada se puede reducir a ese famoso binomio retórico que ha sido tan valorado por el presente gobierno. Por eso insisto en el peligro del reduccionismo político de un blanco y negro, de los “buenos” y “malos”, del maniqueísmo que siempre obtura nuestra perspectiva y que suele ser el artífice de todo tipo de absurdos.

Para nadie es una información resguardada por preservar la seguridad nacional –ésa es otra discusión que bien podría encender el ambiente electoral y que la oposición ha dejado dormir en su santa paz– que las condiciones de trabajo que existen en numerosas clínicas del IMSS son poco favorables para un buen desempeño de sus funciones. Pero, algo aún más crítico, también es claro que el trabajo de quienes son responsables de brindar un servicio médico de calidad y oportuno, se aleja cada vez más de la posible dignidad. No obstante, sería terrible dejar afuera de este panorama a quienes mantienen un compromiso firme por brindar un servicio humano y de primera a la sociedad: la vocación de servicio es algo que mantiene la esperanza de mucha gente que llega solicitando una cita –en este momento podemos recordar tantas anécdotas, ¿cierto?–.

Ahora bien, la protesta es algo a lo que no se puede renunciar. A fin de cuentas, fue uno de los principales activos políticos para quienes hoy gobiernan nuestro país, lo cual vuelve  injustificable que a varios de los contingentes de las protestas hayan sido reprimidos por la policía. Como también es motivo de discusión que se colapse el tránsito de una ciudad con todas sus implicaciones.

Otro de los temas que se han colocado en la mesa son las condiciones de los aparatos y su falta de mantenimiento. Además de señalar, desde hace algunos años, la terrible carencia de medicamentos tan necesarios para el tratamiento de enfermedades de gravedad considerable. Y, sin embargo, nos topamos con algo que termina por obturar la discusión: los usos y costumbres de un sindicato que, vaya ironía, se ha convertido en el paradigma de aquello que aqueja a nuestro país: opacidad, nepotismo, ineficiencia y tanto más. 

Entonces, hacia dónde dirigir nuestra atención sin hacerle el juego a dicha opacidad, pero sin dejar de reconocer que es necesario observar de manera distinta a tan importante institución para nuestro país. Algo sí es claro, las respuestas, por parte de la cortesía política, a lo largo de los años, ha dejado en estas condiciones a dicha institución.

¿Quiénes son los enemigos que se encuentran en el camino de Dinamarca?

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