Contradicciones

Hoy parece que la realidad se concatena en la pantalla de un dispositivo electrónicoy desde allí se toman posturas y, muchas veces, se definen acciones. Vaya riesgo.

Bastaron un par de semanas para que volviéramos a ser los mismos. Somos una sociedad que camina mirando hacia lo más inmediato y aquello que se ha convertido en la noticia del momento. Resultaba muy atractivo imaginar que, luego de aquellas elecciones en las que Vicente Fox se erigía como un presidente cuyo origen no era el partido oficial, nuestro papel como sociedad iba a ser distinto: participativa, más informada y crítica.

Sin embargo, nuestra idea de la democracia ha sido tan tropical que, a pesar de que los sexenios presidenciales van y vienen, nuestra manera de afrontar la realidad parece cumplir una estructura bien diseñada por los artífices del priismo durante el siglo pasado. Por ejemplo, mientras hace unos años la antiquísima oposición que simbolizaba Morena se lanzaba en contra del Partido Verde, hoy se constituye como la gran alianza que garantizará el ejercicio democrático del país. Claro, bajo su propia noción de democracia que, por cierto, no dista mucho de las prácticas convencionales del priismo.

La diferencia con respecto a otros momentos de la historia es que hoy es relativamente más fácil evidenciar estas prácticas gracias al acceso que se tiene a la tecnología y las redes sociales las cuales, sin duda, parecen ser las mejores tribunas para el poder legislativo y nuevo canal de telenovelas producidas desde palacio Nacional y dirigidas por E. Ibarra. Pero también se han convertido en la nueva plaza pública en las que se pregonan las noticias —verificadas o no— y en la que todos tienen la voz y el eco de sus seguidores o matraqueros.

Hoy parece que la realidad se concatena en la pantalla de un dispositivo electrónico y desde allí se toman posturas y, muchas veces, se definen acciones. Vaya riesgo.

Tres ejemplos de esta posibilidad son los videos tomados con la cámara de un teléfono personal, acción que provocó el surgimiento de la llamada Primavera Árabe, o el incendio de las protestas contra el racismo en muchas ciudades de los  Estados Unidos desde hace un par de semanas. Y, por último, el video mediante el cual se dio a conocer la violencia policial en Jalisco y del que, luego de que se llevaran a cabo airadas protestas, su gravedad parece diluirse en medio de todos los problemas que aquejan al país.

Los seres humanos hemos aprendido, con cierta torpeza, que este alcance de los recursos tecnológicos también ha modificado la noción del tiempo. Saltamos de una noticia a otra con la facilidad que nos da un pequeño movimiento de dedos y aunque nuestra intuición y la mirada crítica nos alerten que una noticia no es menos importante que la otra, avanzamos con la corriente de los días y la aparente novedad. También es cierto que en muchas ocasiones mejor optamos por darle pausa a nuestra lectura de lo cotidiano porque el dolor y la angustia, el enojo y la perplejidad, le ganan la batalla a la esperanza, sí, aquella palabra que aprendimos a valorar como la posibilidad de un futuro y no el término que ha sido secuestrado por la perversidad de la mercadotecnia política en turno.

Y, sin embargo, cada vez que observamos las noticias de situaciones que se desarrollan en distintos lugares y con protagonistas cuyo nombre es distinto —reconocimiento a parte merece el totémico Manuel Bartlett, ¿cuántas páginas se habrán escrito con su nombre a lo largo de los últimos seis o siete sexenios?—, las preguntas que surgen normalmente son las mismas: ¿por qué sigue ocurriendo esto?, ¿por qué lo permitimos?, ¿hasta cuándo podremos…? Y la lista puede ser interminable.

Hoy el racismo y el clasismo vuelven a ser noticia en nuestro país. Una vez más ponemos en la mesa dos temas que, lamentablemente, siguen siendo motivo de discusión.

Sin embargo, quienes hace muy poco señalaban y acusaban el racismo y clasismo de la élite del poder, hoy, desde una pretendida victoria moral, han articulado su ataque contra todo aquel que no piense como ellos, con las mismas estrategias retóricas que ellos habían señalado.

El reino de la contradicción. Bastó un pequeño mensaje de Twitter emitido desde Palacio Nacional para que en nuestra caja de Pandora el presidencialismo en pleno, la hipocresía en los medios de comunicación y nuestra dimensión cultural como sociedad volvieran a ser noticia, con consecuencias más políticas y mediáticas que de verdadera trascendencia. Mañana habrá otro tema del cual hablar; quizá nos ocupemos nuevamente de la crisis económica y el manejo de la pandemia. Aunque hoy los intereses gubernamentales en realidad apuntan hacia otros lados.

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