Impensable

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

¡Ah, si Occidente emplease la misma vara con la que mide a Rusia y a China, no habría Juegos Olímpicos!

Inspirado en la riqueza agonal de los griegos de la antigüedad, en la importancia concedida por los ingleses a la educación física impartida en los colegios en el siglo XIX y en la tradición de los Tailteann Games que se celebraban en Dublín aun antes del 1,600 aC. —carreras de caballos, de fuerza y destreza—, Pierre de Coubertin creó los JO modernos y con su visión formó, además del COI, las federaciones internacionales para unificar los criterios de las reglas de competencia, selección y creación de pruebas, como el maratón, ideado por el alemán y filólogo francés Michel Bréal, por asociación con la mítica carrera del soldado Filípides, del campo de batalla al ágora de Atenas, en el 490 aC., para anunciar el triunfo de los griegos sobre los persas.

Ne Niké kamen”, “hemos vencido” (la diosa Atenea, al brotar armada de la cabeza de Zeus tras un hachazo de Hefesto, pronunció el grito horrísono ¡Niké! —se pronuncia así, Niké, no naic—, ¡victoria!, que resonó en el cielo y en la tierra).

La humanidad es testigo de los cambios y transformaciones al ritmo de las manecillas del reloj que han comunicado sociedad y épocas con influencia de la tecnología, política y nuevas ideas que responden al espectáculo, a nuevos gustos, intereses crematísticos... Desde su creación, el COI ha afrontado serios y agudos problemas, trampas desde la inauguración de los JO de Atenas 1896; muertes en ciclismo por sustancias prohibidas; de temas sexuales, entonces un tabú, en Berlín 36; del proceso gradual del amateurismo al profesionalismo, la rigidez esclerótica de las reglas que descalificó a Wa-Tho-Huk, Sendero Luminoso, del oro de Estocolmo (un siglo después, el COI rectificó y simbólicamente se las entregó al espíritu de Jim Thorpe), la expresión de ignorancia, vulgaridad y banalidad de la muchedumbre que se presencia en los estadios, desde el circo romano a la actualidad, al aplaudir más a Dorando Pietri, atarantado por dopaje y descalificado, y mejor premiado y festejado que el campeón John Hayes en los primeros 42,195 m londinenses.

La zimbabuense Kirsty Coventry, con 5 y no 3 JO, se lanza a nadar contra la corriente al establecer como medida de protección, sin retroactividad, que sólo las mujeres biológicas podrán competir en JO. Durante décadas, sociedades y altos dirigentes no se atrevieron a meter las manos en el fuego por miedo a la hidra de mil cabezas de la opinión pública.

La decisión podría extenderse y fragmentar otra máscara de hipocresía occidental que autoriza, con receta médica, el empleo de sustancias prohibidas. Pero hay algo impensable en la sicología individual y colectiva como consecuencia del sistema social y político en que estamos inmersos, impensable para el COI, la ONU y países anglosajones y europeos: prohibir la presencia o reducir la asistencia a los atletas de EU, Israel y países aliados que hacen la guerra a Palestina e Irán, e impedirles que compitan sin himnos ni banderas nacionales. Confiscarles la perversa impunidad de 007.