España, mecanismo de precisión sideral

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

¡Sin líder, sin crack, sin un artillero goleador! Once españoles forman la unidad de armonía agonal, mecanismo o modelo matemático de precisión sideral, en el rectángulo esmeralda de NY/NJ. La Selección de España se mueve, fluye en el ritmo del oleaje marino, en ciclos repetitivos, iguales y diferentes; los peninsulares se conducen inspirados en los movimientos de la bandada o del cardumen. La oncena del arquitecto Luis de la Fuente no cuenta con, ni necesita, un astro de la dimensión de un Messi ni un Harry Kane ni un Jude Bellingham, tampoco alinean a un jugador de la talla de Ronaldo o con el poder del vikingo romperredes Erling Haaland; ni del cañonero francés Kylian Mbappé, con 10 goles, aún lejos del mítico récord de 13 goles del legendario Just Fontaine, que anotó en tan sólo 6 juegos en Suecia 58, y hoy semioculto en una desenfrenada parlotería de incultura futbolística. La oncena española simboliza la modernidad del futbol en un concepto que involucra armonía e inmenso espíritu de lucha. Seguramente directores técnicos creativos como los neerlandeses Rinus Michels o Johan Cruyff habrían aprobado, bajo otro prisma, con su filosofía total en el Ajax y en el Barcelona, en el que la idea primordial era que los jugadores pudiesen intercambiar e interpretar posiciones. La conquista de España reafirma algo archisabido y poco practicado, la posesión y control del balón edificado en la condición física, en la técnica, en un movimiento pendular de izquierda a derecha, que eclipsó y anuló a la figura cimera de la albiceleste. Citemos a los héroes acompañada de una percepción relativamente subjetiva. El arquero Unai Simón y los jugadores Pedro Porro, Aymeric Laporte (Eric García), Marc Cucurella, Pau Cubarsí, Dani Olmo (Mikel Merino), Álex Baena (Nico Williams), Rodri (Martín Zubimendi), Lamine Yamal, Fabián Ruiz (Pedri) y Mikel Oyarzabal (Ferran Torres, el anotador el que dio la victoria después de 116 minutos de intensa lucha). El balón trazó una parábola —Argentina jugaba con un hombre de menos desde el minuto 92 por expulsión de Enzo Fernández por violenta agresión a Pau Cubarsi—, Nico William la dirigió de cabeza al centro del área y Ferran anotó de zurda. De la gran final se recoge la impresión de que los sudamericanos sin Lionel Messi, Lautaro Martínez y el arquero Emiliano Martínez no sería el mismo cuadro. En cambio, acaso, el equipo español podría retirar a la mitad de sus jugadores sin que disminuya un ápice su elevada clase. España asfixió a Argentina con el control del balón, sin darle una sola oportunidad en los 90 minutos iniciales. Ni un solo disparo del cuadro sudamericano a la portería contraria. Algo nunca visto. La trascendental victoria de la selección de España, con la base de 8 jugadores del Barcelona, se debe a una cultura agonal que no es exclusiva del futbol sino a un programa global en todos los deportes que nació antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.