Irresponsabilidad de todos
Se sigue pensando en las próximas elecciones, sin tomar en consideración que lo responsable es pensar en las próximas generaciones.
Las reglas no escritas de la política están afectando la vida cotidiana de todos; puesto que, en tanto los presidentes municipales, gobernadores e incluso el Presidente de la República se enfocan en mantener “el orden y la estabilidad” y favorecer a quienes los apoyaron para acceder a dichos cargos de elección popular, preparándose para ganar las próximas elecciones, las condiciones de vida de todos se van deteriorando cada vez más.
Un ejemplo de ello es la capital del país, en donde, a pesar de la alternancia política, temas como la corrupción, el clientelismo, la inseguridad y la contaminación ambiental siguen siendo los graves problemas que padecemos quienes vivimos o transitan por esta ciudad.
Entre 1988 y 1994 se impulsaron algunos de los principales cambios del actual transporte en el Distrito Federal, por ejemplo, la mayoría de los camiones fueron sustituidos por los denominados microbuses. Además, se establecieron los verificentros y el programa Hoy No Circula.
Por cierto, dos de los más importantes gobernantes de esta ciudad de aquella época (el entonces jefe del Departamento del DF y el secretario de Gobierno del mismo) cambiaron al partido que ha gobernado desde hace casi dos décadas esta ciudad, e incluso uno de ellos también más tarde fue jefe de Gobierno de la misma.
Con respecto a los microbuses, más que una solución al transporte público, casi desde hace más de 20 años que comenzaron a circular, hasta el día de hoy, son un gran problema; puesto que, además de la agresiva, prepotente e incontrolable forma de manejo, también ha sido criticado el trato que los choferes proporcionan a los pasajeros y a los demás conductores. Prácticamente todos los días conocemos historias en las que estos choferes ocasionan accidentes viales con funestos y trágicos resultados. Es decir, el problema no sólo no se ha solucionado, sino que cada vez es más grave.
En este mismo sentido, hace unos años surgió la idea del taxi seguro, como una reacción a la gravísima y riesgosa situación que se padecía al abordar este servicio de transporte, porque parecía una verdadera ruleta de la suerte subirse a estos vehículos, rogando que no se fuera a cometer el también denominado “secuestro exprés”, mediante el cual, bajo amenaza de muerte o lesiones graves, llevaban al pasajero a sacar dinero de sus cuentas bancarias.
Los denominados taxis seguros fueron creados por asociaciones que registraban a sus conductores y el viaje que realizaba la persona para garantizar un servicio seguro; también surgieron los servicios de transporte de sitio solicitados por teléfono. Sin embargo, en casi todos estos servicios se privilegiaban los mecanismos de clientelismo político, en el cual los “asociados” tendrían que pagar sus “cuotas” para tramitar permisos ante las autoridades, incluso en forma irregular. Todo ello, en lugar de generar condiciones para que se brinde mejor servicio, ha permitido la entrada a un nuevo prestador de transporte que rompe con algunos de los principales esquemas, principalmente el del clientelismo, puesto que en el servicio de Uber no se requiere de seudolíderes que hagan las gestiones, sino de la voluntad individual de los choferes y propietarios para prestar el servicio. Sin menoscabo de que también es necesario regular este último servicio, para no dejar que sólo las leyes del mercado lo hagan, ya que, a pesar de lo que digan los economistas amantes de dicho modelo, también la historia nos ha demostrado los abusos y excesos que se han cometido en este esquema de libre mercado.
Asimismo, después de más de dos décadas (incluyendo los cuatro gobiernos perredistas), las condiciones ambientales han demostrado que la corrupción e ineficacia con la que operan los verificentros sólo sirven para enriquecer a sus concesionarios y a las autoridades que, supuestamente, deberían supervisar su funcionamiento.
Para seguir ganando las elecciones se evita alterar el orden de las cosas y sólo se ha mantenido la inercia del rumbo. Nadie se hace responsable de que todos, sin distinción de ingresos o clase social, respiremos un aire contaminado y padezcamos la inseguridad y la corrupción.
Twitter: @asalinastorre
