Minatitlán
Historias del terror que se vive en México. Pareciera que, periódicamente, ocurren para despertar la atención de una sociedad cuyo corazón se ha endurecido por la barbarie. Eventos cuyo propósito pareciera ser recordarnos las dimensiones de la tragedia cotidiana
El Viernes Santo un comando armado asesinó a 13 personas en una fiesta en Minatitlán —incluido un niño de un año—. Una hipótesis detrás de la matanza es el huachicol, otra línea de investigación es que los hechos violentos ocurridos en el salón de fiestas Los Potros podría deberse a una venganza de un grupo de la delincuencia organizada por la venta de drogas en un bar.
Ha trascendido que estos trágicos sucesos tienen su origen en la disputa que mantienen el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) con Los Zetas. En cualquier caso, Minatitlán es un nuevo ejemplo del colapso en que vivimos atrapados los mexicanos en materia de seguridad, desde hace más de una década.
Historias del terror que se vive en México. Pareciera que, periódicamente, ocurren para despertar la atención de una sociedad cuyo corazón se ha endurecido por la barbarie. Eventos cuyo propósito pareciera ser recordarnos las dimensiones de la tragedia cotidiana.
El recorrido de los jinetes del Apocalipsis sigue dejando su estela por la geografía nacional. Sexenios, partidos, grupos criminales distintos; condiciones, causas, investigaciones similares. Como ejemplo, con Calderón, 15 estudiantes asesinados en una fiesta en Ciudad Juárez, Chihuahua; con Peña Nieto, 11 decapitados en Chilapa, Guerrero.
Dos días después de los hechos, la actualización de las cifras de homicidios dolosos a nivel nacional que, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo, en los primeros 90 días del gobierno, se contabilizaron 12 mil 776 homicidios. El trimestre más violento en cualquier época reciente. Las cifras recién presentadas indican que el estado de Guanajuato se mantiene como el estado más violento, seguido por Edomex, Jalisco, Chihuahua, Guerrero. Sin embargo hoy, Minatitlán pone lupa a Veracruz.
Entre enero y marzo de 2019, hubo 682 homicidios en Veracruz y se registraron 122 secuestros. Además, la noche del miércoles de la semana pasada, Maricela Vallejo Orea, alcaldesa de Mixtla de Altamirano fue asesinada; se suma a los más de 134 que hubo en los sexenios anteriores. Frente a Minatitlán debemos preguntarnos ¿Ha cambiado algo?
Por parte de los opositores al gobierno, la reacción fue la misma de siempre. Me refiero a la misma que hemos visto a lo largo de la última década, nada diferente. Ataques cargados de agresividad, críticas irracionales y, la receta de siempre, exigir renuncias. Sólo que ahora lo hizo la oposición nueva. Desafortunadamente, el gobierno cayó en la misma parte del libreto, que también ya hemos visto antes. Reacciones por la crisis con poca claridad en el plan propuesto, declaraciones sobre plazos difícilmente cumplibles, hasta los tuits del gobernador Cuitlahuac con sus correspondientes frases de “condena” y “se hará justicia”.
Poca o nula compasión hacia la muerte de otro mexicano o mexicana. Eso sí, la batalla política en su absurda y destructiva confrontación de siempre. ¿Cómo salirse de la inercia?
Para Veracruz, seis meses pueden ser muy poco tiempo para dar resultados. En un país que lleva inmerso en esta situación más de una década, plantear que esto se resolverá en tan poco tiempo sólo dará argumentos para profundizar la discusión política. Del mismo modo, rivalizar por las cifras de incidencia delictiva sólo generará ruido y polarización.
Ya se hicieron foros en el país, se elaboró un diagnóstico y se decidió por el modelo de Guardia Nacional. Entonces, es vital cohesionarlo de la mano de la más amplia franja social. Hay organizaciones de la sociedad civil que pueden ayudar, no hay que alejarlas.
Por último, socializar el diagnóstico, acordar metas, y evaluarlas en amplios espacios democráticos. Incluso, si el esfuerzo requiere de mayores recursos —como realmente ocurre— esta dinámica ayudaría a legitimar la forma de convocarlos, aterrizarlos y darles seguimiento, con eficiencia y transparencia.
Por lo pronto, debería reconsiderarse la propuesta de que las entidades federativas paguen “proporcionalmente” con recursos propios, los costos de operación de la Guardia Nacional. Si queremos soluciones sostenibles en el largo plazo, en Veracruz y en cualquier otro estado, deben fortalecerse las policías locales. La propuesta así como está hoy, distraería este objetivo. Minatitlán puede ser una oportunidad para salir de la espiral erosiva. La polarización en materia de seguridad solo le sirve a la delincuencia.
