Inseguridad en la CDMX
El gobierno actual ha acusado al gobierno de Miguel Ángel Mancera del problema. Ha señalado que ahí se dio la infiltración de instituciones como la policía de investigación. También han dicho que el gobierno anterior alteró a la baja el registro de delitos
El cuerpo del estudiante de la Universidad del Pedregal, Norberto Ronquillo Hernández, fue encontrado en la alcaldía Xochimilco. El 4 de junio fue secuestrado al salir de la escuela en la Ciudad de México, cuando se dirigía a casa de sus tíos, lugar donde él vivía. Luego de salir de la escuela, Norberto envió un mensaje a su novia para avisarle que iba a casa, pero nunca llegó.
Estos terribles hechos antecedieron el asesinato de otro joven universitario, Leonardo Avendaño, de 27 años, quien fue encontrado sin vida y con signos de asfixia, dentro de su camioneta. El tercer caso que estremeció a la ciudad, en tan sólo cuestión de horas, fue el de Ana Karen, de 28 años, quien fue plagiada por tres hombres cuando iba caminando a su casa, en la colonia Polanco.
Tres historias de dolor que reflejan cómo, durante los primeros meses de gobierno de Claudia Sheinbaum, se ha presentado un significativo incremento de la inseguridad pública en la capital del país. La incidencia de crímenes, como el homicidio doloso y el secuestro, han repuntado de manera drástica. En marzo se publicó que la cifra de víctimas de asesinato en la CDMX entre diciembre y enero se incrementó 93% comparada con el mismo periodo anterior.
Reportes oficiales destacan que el incremento de la actividad delictiva en la ciudad capital se debe a “ajustes de cuentas y la pelea por plazas de venta de droga” entre grupos delictivos como La Unión Tepito y La Anti-Unión. De hecho, el narcomenudeo ha repuntado dramáticamente, según el Observatorio Nacional Ciudadano. Hoy por hoy, Iztapalapa es la alcaldía más violenta, seguida por Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón.
Cuando se mide en las alcaldías el número de delitos ocurridos por kilómetro cuadrado, según la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, la mayor incidencia se encuentra en Cuauhtémoc, Benito Juárez, Iztacalco y Venustiano Carranza, mismas que encabezaron la lista donde ocurrieron más robos a transeúnte, a mano armada, a negocio y homicidios dolosos.
El gobierno actual ha acusado al gobierno de Miguel Ángel Mancera del problema. Ha señalado que ahí se dio la infiltración de instituciones como la policía de investigación. También han dicho que el gobierno anterior alteró a la baja el registro de delitos hasta en un 73 por ciento. Han declarado que para enfrentar la crisis institucional “heredada” han despedido al 60% de los mandos operativos y han tomado acciones para “romper el pacto criminal que prevalecía”.
Organizaciones como México Unido contra la Delincuencia han señalado que delitos de alto impacto, como los homicidios, el secuestro y las extorsiones, incrementan de manera dramática la percepción de inseguridad. Aunque la autoridad diga que la razón del incremento en las cifras delictivas es que ahora éstas “ya no están maquilladas”, lo cierto es que la zozobra ha aumentado. Nuevamente escuchamos a diario en los centros de trabajo o en reuniones familiares historias que dejan sentir el repunte de los delitos.
Frente al miedo que crece, quienes habitan la CDMX no le creen a Sheinbaum cuando declara que “no hay crisis de inseguridad”. Tampoco ven con buenos ojos que el presidente Andrés Manuel López Obrador confunda esa legítima preocupación con ataques políticos.
Durante un evento, el Presidente organizó una porra para la mandataria capitalina. Tras decir “Yo me siento muy seguro en la ciudad, porque tenemos una extraordinaria jefa de Gobierno”, y dijo que, “frente a unos grandulones, abusivos y ventajosos”, la jefa de Gobierno no está sola.
Es una equivocación querer ver la inseguridad como un asunto más del debate político. Dos jóvenes fueron arrebatados de sus familias por desalmados. Se requieren acciones, no evasiones.
El gobierno capitalino tomó una buena decisión al nombrar a Omar García Harfuch al frente de la Policía de Investigación. Sin embargo, aún no logra explicar a la gente, de manera clara, las causas del problema, la estrategia a seguir y los tiempos que llevará. En lugar de la politización hueca, se requiere convocar e informar a los habitantes de la ciudad, para ratificar si existe o no el liderazgo y la capacidad necesarios para enfrentar el problema.
El tiempo apremia. A seis meses de la entrada del nuevo gobierno, en materia de seguridad, la receta de culpar al pasado de todos los males ha perdido su capacidad de cura.
