¿Despertaremos?

#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública. 

La Presidenta asistió a la final del Mundial invitada por Trump. Ahí estuvo, al lado del presidente cuyo gobierno hace tan sólo unos días, en voz de Terry Cole, director de la DEA, en la Cumbre de Estados Unidos Libre de Fentanilo, dijera que “existe una conexión mortal e inseparable entre las redes del crimen organizado y el gobierno de México”. ¿Se refería al gobierno federal? Lo sabremos pronto. ¿Será que la fotografía de ambos mandatarios sea utilizada para enmarcar lo que viene? Si esa es la idea —aun en contra de la voluntad de la propia Sheinbaum—, es altamente probable que esta misma semana veamos acciones contra la narcopolítica mexicana, con Claudia al lado de Trump, no de AMLO.

La tragicomedia continúa, ahora con nuevos capítulos. Los recientes audios de Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, donde plantea “colaborar” y “dar información de las mesas de seguridad”, confirman la trama. Primero fue la filtración de los nombres de los gobernadores de Sonora y Tamaulipas como personajes sujetos a investigación en Estados Unidos. Después vino el reportaje publicado por el New York Times, en el que se detalla que más de una decena de políticos y legisladores mexicanos (afiliados a Morena) se han acercado a las autoridades de aquel país para fungir como informantes. Los audios de Marina dan testimonio puntual de la narrativa. Parecería el guion escrito por un cineasta profesional. Morena se desquebraja; añádale la renuncia del fiscal de Investigación de Asuntos Relevantes, Ulises Lara .

La mandataria intenta salvar el barco. Mantiene la narrativa acordada con Palenque. A tropezones, defiende la soberanía y a los suyos, aunque el “spin” comunicacional se vuelve cada vez más imposible. Entre el piloto que regresamos a EU y el “me traicionó Bonilla”, las defensas de Harfuch resultan inverosímiles. ¿Logrará la detención de Ruffo Appel —el respetado expanista— tapar la avalancha que viene? Difícilmente. Pienso que, más allá de la estridencia pública para el graderío, en los hechos, la Presidenta ya colabora con el titular de la Oficina Oval. Por eso es altamente probable que en los próximos días cambie la situación de Rocha Moya y termine frente a la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York. 

Mientras tanto, la huachinarcoserie continúa. La designación del Cártel de Juárez y el grupo michoacano de Los Viagras como organizaciones terroristas (suman ya ocho bajo esta calificación), junto con las declaraciones de Manuel Roberto Farías Laguna, quien solicitó formalmente a la FGR citar a declarar a su tío político, el exsecretario de Marina José Rafael Ojeda Durán, por el caso de “huachicol fiscal, avisoran capítulos llenos de adrenalina, suspenso y sobresaltos para quienes han tenido el poder en los últimos años.

Ya sea por los señalamientos contra funcionarios estatales, por investigaciones previas de agencias estadunidenses que hoy cobran mayor relevancia (por ejemplo, la Operación Polanco), por el caso Sergio Carmona (documentada por Julio Scherer) o por los múltiples señalamientos contra sus vástagos, tristemente, todos los caminos conducen al pequeño personaje de Tabasco que pretendió ser dueño de México. 

Independientemente de la suerte que corra Morena en su relación con la trama narcopolítica, habrá que ver quiénes quedan como coordinadores o coordinadoras estatales en las 17 entidades federativas en las que habrá elecciones de gobernador. ¿Serán cercanos a López Obrador? Desde que salió Andy del partido, esa probabilidad disminuye progresivamente. Quedarán los más cercanos a la Presidenta, aunque también es probable que esté sesgado por lo que hoy ocurre en Guerrero, donde una candidata improvisada como Esthela Damián —cuyo único mérito es haber trabajado con Sheinbaum— será ungida bajo la cargada y la tradicional mercadotecnia política que tanto gusta a algunos de mis paisanos.

Duele que la percepción de la política y los políticos esté cada vez peor, por los suelos. Preocupa que no exista una oposición con la talla moral para reconducir al país frente al evidente desquebrajamiento. Me angustia la reacción que tendrá el “amlismo” ante la “desrealización” que sufre su líder; ese síntoma disociativo donde el entorno se percibe como irreal, distorsionado, lejano o artificial, que podría llevarlo a convocar un levantamiento social para intentar salvarse. ¿Partiría al país en dos, entre norte y sur, entre quienes lo apoyan y quienes no? Genera pensamientos catastrofistas, sobre todo, cuando existen algunas personas del otro lado de la frontera, que acarician ese escenario. ¿Despertaremos?