WiFi con la naturaleza

Nos hemos desconectado y no sabemos, cómo convivir en equilibrio.

El gran problema de nuestra humanidad es la desconexión. Y no hablo del WiFi, pues ese cada día está en más partes, sino de la que tenemos con nuestra madre naturaleza.

Toda esta carencia de lazos mentales y físicos con ella nos ha llevado a volvernos flores de asfalto que no sabemos, ni siquiera, cómo vivir en naturaleza.

Matamos a cuanto animalito se asoma por nuestro hogar, no importa si son inofensivos, la primera herramienta a la mano de toda casa o departamento es un veneno en spray que no sólo mata bichos sino que nos hace daño a nosotros mismos (aunque las etiquetas y sus comerciales digan lo contrario).

Cuando tocamos la tierra lo catalogamos como “ensuciarnos”. Las mamás de hoy en día no dejan a sus chamacos jugar con sus manos en la tierra, en el lodo, hacer los anticuerpos que la misma naturaleza se encarga de reforzar.

Para nosotros ya no hay estaciones ni temporadas de frutos y vegetales. Todos los tenemos al alcance de la mano en los anaqueles del supermercado. No nos damos cuenta, ni siquiera, que estamos comprando una manzana que viene de Chile, por ejemplo, y que cuando llega a nuestra boca ya puede tener más de ocho días de haber sido cosechada.

Comemos carne sin la conciencia de que era un ser vivo lo que nos metimos a la boca. El caso es comer desesperados, saciar nuestra impulsividad que nos lleva a cometer todo tipo de arbitrariedades en contra de nuestro hogar.

Mi intención no es evangelizarlos en cuanto a sus hábitos alimenticios, sino tratar de hacer un llamado a su conciencia para que abramos todos juntos los ojos y nos demos cuenta de lo que estamos haciendo.

Cuando no había tanta tecnología y la globalización no nos ponía una manzana de hasta 15 días de ser cosechada, en la mesa, los seres humanos gozábamos de WiFi, pero no para las computadoras —en aquel entonces ni había— sino para la naturaleza.

Los seres humanos sabíamos sobre ciclos de la luna, sobre cosecha, siembra y temporadas de sequía. Conocíamos el lenguaje de nuestra madre tierra que es un ser vivo igual que nosotros. La escuchábamos y teníamos contacto con ella.

Sabíamos plantar y qué plantar para cosechar nuestra propia comida. Criábamos nuestros propios animales y sabíamos lo que era un sacrificio para nuestra alimentación. Aprovechábamos los recursos que la madre naturaleza nos daba para llevar la vida sencilla que se requería en aquellos tiempos.

Ahora los chiquitos están conectados a una tablet o teléfono de última generación. Ahora no les enseñan a jugar en los parques y a abrazar los árboles o a darle amor a la naturaleza.

Muchas familias ya no se toman el tiempo para mostrar lo que es la compasión hacia un animal, ni buscan las mejores formas para vivir respetando su entorno. Si hay que talar un árbol para cumplir un capricho arquitectónico, lo hacen, si hay que matar un manglar para un nuevo desarrollo residencial, se lo cargan sin el menor reparo.

¿Dónde quedó nuestra conexión con la madre tierra? ¿En dónde quedó el ritual de vivir, de ser humano? ¿En dónde escondimos la compasión por los animales sin importar qué tan pequeños o grandes sean? ¿En qué capítulo de la historia fuimos dejando de ser humanos para convertirnos en plaga depredadora?

¿Quieren conexión? Salgan descalzos y pisen la tierra, siéntense en la arena del mar, floten en el agua mirando el cielo. Ayuden a salir a un animal de su casa, no lo maten. Preocúpense por lo que la tierra nos dice y entonces tendremos el mejor WiFi del planeta.

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