Cirila escribe:
“Llevábamos casi 5 años de matrimonio. La verdad que no fui feliz más que el primer año. A partir de ahí todo cambió. Comenzó a llegar tarde de trabajar, se iba con sus amigos, yo dormía sola, prácticamente, todas las noches; y si no llegaba tarde por una cosa, era por otra.
Nunca tenía tiempo para mí, sólo para su trabajo y su ipad. Me metí al gimnasio, frecuenté más a mis amigas y comencé a aceptar las invitaciones a tomar café de un chico que conocí. Para no hacer la historia larga, terminé acostándome con él y siendo infiel a mi marido.
Un desliz se convirtió en una relación en la que duramos más de seis meses antes de que mi marido se enterara. Obviamente me pidió el divorcio y ahora me encuentro peleando ante jueces por lo que me pertenece de nuestro matrimonio y que, obviamente, no me quiere dar porque tiene la coartada del adulterio.
¿Cómo se le puede llamar a un hombre que abandona a su esposa y pretende que siga ahí, amándolo y respetándolo sin que él mueva un dedo, ni siquiera para hacerme el amor? No sé qué hacer, si fui infiel fue en gran parte por culpa de él, ¿es justo que me trate como si fuera una cualquiera?”
Mi estimada Cirila, tu caso es mucho más común de lo que piensas. Muchas personas, y no voy a decir un género en específico, abandonan sus relaciones y las toman por garantía, piensan que porque ya están casados o viven juntos, entonces pueden echar la flojera y no regar la plantita del amor. Mal, muy mal. Sin embargo, la responsabilidad de tus actos son tuyas y nada más. Si le fuiste infiel, no fue culpa de Cirilo, sino tuya. Aunque, debo decir que, en este caso no lo veo como “culpabilidad”, sino como una decisión que tú tomaste y la convertiste en acción.
Con esto no te señalo como culpable. No es mi papel juzgar a nadie. Por el contrario, simplemente creo que el primer paso hacia la sensatez es aceptar que cuanta decisión tomamos en nuestra vida es única y exclusivamente responsabilidad nuestra.
Una vez que comprendemos esto, y dejamos de estar señalando a todo el mundo como el culpable de nuestras decisiones, estamos en el camino correcto para hacer un análisis adecuado.
Comprendo fundamentalmente tu infidelidad. Soy una mujer casada, y por ello el tema de la infidelidad en el matrimonio me es susceptible, pero por eso también entiendo el dolor que se puede vivir si tu marido no te determina. Tienes razón en que tu amor se haya ido al piso, pero infortunadamente un juez, a la hora del dictamen, no te perdonará el llamado adulterio, pues allí nada de lo que tú hiciste será culpa de Cirilo.
Mi consejo es que, desde el nuevo punto de partida en que asumes tus propias acciones, abordes la situación con tu futuro exmarido. Habla con él, no lo ataques más diciendo que todo esto que está pasando es su culpa porque ello sólo atizará el fuego. Humildemente acepta que el fracaso de ese matrimonio se debe a las dos partes que participaron en él. Ofrece una disculpa por tu comportamiento y procura evocar el amor que algún día te tuvo para que no pierdas todo lo que construiste.
Si nada de esto funciona, te recomiendo que agarres lo que te queda y comiences tu vida nuevamente con la certeza de que esto es un gran aprendizaje. Tómalo, úntate cada lección que te llevas de este doloroso episodio con la seguridad de que, una vez acatada la lección, la vida te tendrá preparada una canasta llena de bendiciones y gratas sorpresas.
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