¿Balazos sin Estado de derecho? ¿Sin hacer respetar la ley?
¿Acaso lo que debemos construir –para enfrentar de manera eficaz y apegada a la ley a los delincuentes– es una combinación de balazos y ley?
Una de las frases expresadas por el secretario de la Defensa Nacional –en el más reciente discurso público que pronunció hace unos cuantos días–, se refiere al papel de los balazos en el combate a la delincuencia, organizada o no.
Es claro, para quien tenga al menos dos dedos de frente, que los balazos –entendidos éstos en sentido figurado, por lo que representa el uso de las armas en el combate de los delincuentes–, no bastan para resolver los problemas relacionados con la comisión de delitos de índole diversa, no únicamente en México, sino en el resto del mundo.
Sin embargo, quien piense que sin ellos y lo que representan, es factible acabar con las bandas de delincuentes las cuales, aceptémoslo o no, tienen el control efectivo en una parte no despreciable de nuestro territorio y en algunos países de América Latina, peca de ingenuo.
Luego entonces, si me permite, me gustaría plantear el problema en otros términos. ¿Acaso lo que debemos construir –para enfrentar de manera eficaz y apegada a la ley a los delincuentes–, es una combinación de balazos y ley?
Dicho de otra manera: ¿Armamento adecuado, suficiente y el más moderno, y con una capacidad de fuego que supere contundentemente la que hoy poseen las bandas de delincuentes? ¿Una legislación que parta de la realidad actual, más un Ministerio Público preparado, y dotado de los recursos más avanzados que harían posible y exigibles investigaciones que eliminaren la discrecionalidad y componendas? Y a lo anterior, ¿un Poder Judicial con la obligada independencia del Ejecutivo, y la debida protección para su personal y sus familias?
¿Y la nieve? ¿De limón como de costumbre? No soñemos; seamos prácticos o realistas, que sería lo más correcto. Todo eso, aquí sí sería válido lo que afirma el loquito, No lo tiene ni Obama.
En consecuencia, si me aceptare lo que digo en el párrafo anterior, ¿qué haríamos entonces en no pocos países de América Latina? ¿Regresar a las decenas de miles de efectivos de las Fuerzas Armadas a sus cuarteles? ¿Dejar a millones de mexicanos a merced de la delincuencia la cual, en no pocas ocasiones, está aliada con las policías?
¿Qué sería peor? ¿Qué podrían decir a esta cruda realidad, los que hoy asustan con el Golpe de Estado por la aprobación de una Ley de Seguridad Interior que vendría, por fin, a definir el papel de las Fuerzas Armadas en el combate a un enemigo muy diferente, al que por su preparación y papel constitucional deben combatir?
¿En verdad hay alguien que piense que un Golpe de Estado, para darlo, requiere de una Ley específica? ¿De dónde sacan tal idea? ¿Qué les dice la experiencia? ¿Acaso una u otra ley relacionada con el papel de las Fuerzas Armadas en éste o aquel país, estimula los golpes de Estado?
Ante la imposibilidad de satisfacer a cabalidad aquellos requisitos, ¿qué hacer frente a la delincuencia? ¿Reconocer que, al no haber recursos para reclutar más efectivos para las FFAA, tampoco para el armamento exigido por un combate como el que están dando desde hace diez años y, sin el entendimiento cabal del peligro que la situación actual representa para la estabilidad del país, habría que darlas? ¿Esto satisfaría a los políticamente correctos?
¿Por qué no dejar entonces de hacerle al Tío Lolo, y exigir que las Fuerzas Armadas y el Ejecutivo, en vez de discursos cifrados y eufemismos, nos digan la verdad, por dolorosa e impopular que fuere?
Hace falta mucha verdad, y abunda mentira e hipocresía.
