Los populistas

Los griegos siguen debiendo 180 por ciento de su PIB y la reapertura de la Bolsa de Atenas y de los bancos ha sido desastrosa.

Dicen que prometer no empobrece. Habrá que preguntarle a los griegos si están de acuerdo, después de haber votado por Alexis Tsipras en enero pasado.

Tsipras es un político joven que atrajo la atención del pueblo griego con su pequeño y nuevo partido, Syriza, con la promesa de que las medidas de austeridad que habían tenido que tomar desde que se supo que la economía griega estaba en la quiebra en 2010 se terminarían una vez electo primer ministro.

Tsipras, como buen populista, prometió justo lo que el pueblo griego quería escuchar y así llegó al poder en enero de este año. Poco le duró el gusto a los griegos y al mismo Tsipras. Ese manotazo que quería demostrarle al Eurogrupo simplemente no pudo darse.

Lo que sí ha sucedido es que Tsipras ha querido dejar en manos de los ciudadanos la decisión de qué hacer para salir de una crisis que parece no tener fin. Por ello convocó a un referéndum una vez que fue evidente que la crisis se le había salido de las manos. Para ver si el pueblo griego le respaldaba y asumía las consecuencias de no pagar las deudas con el Banco Central Europeo y con el Fondo Monetario Internacional.

Pero ni así. La crisis, lejos de resolverse, se agravó. Y ahora Tsipras ha tenido que renunciar en medio de un descrédito con el pueblo griego y con su partido.

Las elecciones anticipadas a las que convocó para el 20 de septiembre podrán o no mantenerlo en el poder, pero lo cierto es que, para los griegos, creer en las promesas populistas de Tsipras no les ha resultado nada barato.

Siguen debiendo 180 por ciento de su PIB, la reapertura de la Bolsa de Atenas y de los bancos ha sido desastrosa, al grado de que el partido de Tsipras se ha dividido, generando una crisis no sólo económica y social, también política.

Algo que, sin duda, debiera poner las barbas de los republicanos estadunidenses entusiasmados con Donald Trump a remojar.

El magnate parece atraer a quienes ven en él la solución para problemas como el migratorio y la injusticia económica —léase los millones de dólares que ganan unos pocos frente a una clase media mucho más modesta. Todos ellos sienten que Trump representa la solución para un sistema político que, una y otra vez, claudica frente a los intereses de esos billonarios. Lo ven así porque sienten a Trump como alguien liberado de esos intereses dada su independencia económica.

Y, por ello, le creen la promesa de que acabará con la migración haciendo que México construya una barda, y le creen que para acabar con problemas mundiales como el Estado Islámico la solución es sencilla: “Entramos, les rompemos la #%*&@ y nos salimos”, ha dicho un Trump, bravucón.

Bravucón y populista. Como Tsipras. Y observemos nada más cómo le ha ido al pueblo griego por haber escuchado el canto de esas sirenas.

                Twitter: @AnaPOrdorica

Temas: