Los unicornios (I)
El unicornio, junto con un puñado de otros animales, acaso el dragón y el fénix, es un personaje recurrente en las mitologías. No hay manual o bestiario que lo excluya.
Cuando la Tierra apenas daba sus vueltas inaugurales, todavía con el cuerpo caliente, el primer unicornio, llamado Asallam, descendió suavemente del cielo. Veloz y con firmeza clavó su espiral ebúrnea en una roca desnuda, seguidamente la sacó. Hueco enorme produjo, del cual un manantial grueso y caudaloso emanó hacia todas las esquinas del mundo. Borbollando, los ríos de vida fueron poblando el planeta con una colección abigarrada y caprichosa de fieras y de plantas. Shamagim, el Jardín del Unicornio, estaba formado. A través de intersticios imposibles, el líquido penetró hasta cámaras oscuras, tenebrosas, donde gota tras gota alimentó al dragón Yaldabaot, criatura forjada en las noches ígneas del vientre terrestre. Astuta y fuerte como nadie. Entre las bestias creadas en el Jardín, una fue elegida para seguir al unicornio hacia la luz: el hombre. Así empezó la amistad entre ambos seres. Cofradía que fue rota, edades después, por el bípedo al conspirar, junto con el dragón, en contra del cornúpeta.
Según el Codex Unicornis, el origen de la Bestia Sagrada fue ése. El unicornio, junto con un puñado de otros animales, acaso el dragón y el fénix, es un personaje recurrente en las mitologías. No hay manual o bestiario, ancestral o moderno, informal o científico, que lo excluya. Ya desde antes de la era cristiana existen referencias a él. El griego Ctesias, durante el periodo clásico, y el hispanogodo Isidoro de Sevilla, mil años después, se tomaron tiempo para describirlo. Hay bestiarios que lo ubican dentro de las bestias telúricas, otros lo ponen dentro de los monstruos o de los híbridos. Quizá el más famoso, el Physiologus, escrito durante la Edad Media y conocido por cualquier colegial de antaño, detalla sus características físicas, comportamiento y manera de cazarlo. Los bestiarios recogen testimonios de fuentes diversas. Algunos de ellos, contaminados de religión, aseguran que representa a Dios. Los más, hablan de una creatura mística, bondadosa e invencible. Coinciden todos en que para atraparlo se necesita una virgen. La dama –o bruja pérfida, mejor– atrae al animal con su candor y queda entonces adormecido junto a ella. Circunstancia ideal para asesinarlo. Precisamente el Bestiario de Oxford, del siglo XIV, detalla ese traidor momento trágico en una de sus miniaturas. Otras versiones, más sensuales, afirman que la doncella se debe desnudar y ofrecerle la redondez y el efluvio de sus senos. Embriagado de lactosa, el unicornio queda expuesto a los cazadores. Su mansedumbre en unos pasajes contrasta con su fiereza en otros, donde se cuenta que no existe criatura más temible. Mata y destripa elefantes y leones con sus pezuñas afiladas. Eso si no está cansado, porque entonces el león puede engañarlo poniéndose delante de un árbol. El unicornio acomete con vehemencia, pero el felino lo capotea, y el cuerno se incrusta con tanta fuerza en la madera que es imposible sacarlo, y así, queda atorado. Allí es cuando los colmillos lo asfixian. Los soportes del escudo de la Gran Bretaña atestiguan la rivalidad antigua y la modernizan metafóricamente para referirse a una añeja entre hombres.
