SI ME BRINCO UNA
¿Qué hago si me brinco una medicina?
R. 1. Si se da cuenta pronto (unas horas después), en la mayoría de los medicamentos de uso diario, los médicos suelen indicar tomarla en cuanto lo recuerde, siempre y cuando no esté demasiado cerca de la siguiente dosis.
Pero no duplique dosis para “ponerse al día”.
2. Si ya está cerca de la siguiente dosis. La recomendación habitual es saltar la dosis olvidada y seguir con el horario normal. Esto evita tomar demasiado en un periodo corto.
3. Si el medicamento controla presión, tiroides, próstata o corazón, la regla es más estricta: no tome dosis dobles y no ajuste por su cuenta. Saltarse una dosis rara vez es peligroso, pero duplicarla sí puede serlo.
4. Si es una medicina “según necesidad”. No pasa nada: sólo la toma cuando la necesite.
5. Si olvida con frecuencia. Eso sí es señal de que conviene hablar con su médico: a veces se puede cambiar el horario, la dosis o incluso el tipo de medicamento.
LOS OLORES
¿Se puede decir, sin querer ser racistas, que diferentes culturas “huelen” diferente?
R. Doña T, éste es un clásico ejemplo de cómo “sin querer queriendo” ser racista. La respuesta es que las personas no suelen “oler” literalmente como su etnia. Lo que otros notan es una mezcla de dieta, higiene, perfumes, ropa, clima y ambiente. También puede haber pequeñas diferencias biológicas en el olor corporal por genética, pero eso no significa que un grupo entero huela igual.
Muchas veces, cuando alguien dice que un grupo “huele a” cierta cosa, en realidad describe olores de su hogar, cocina o costumbres. Por ejemplo, un hogar judío ortodoxo puede oler a repollo, cebolla, pescado, pan trenzado o comidas de shabat; un mexicano puede oler a tortillas, frijoles, chiles, ajo, café o cilantro; y un hogar estadunidense puede oler a detergente, café, comida rápida, barbacoa, desodorante o ambientador.
También podrían mencionar olores asociados con otras culturas, como incienso en algunos hogares indios, aceite de sésamo en algunos hogares coreanos o especias en cocinas del Oriente Medio. Pero eso habla más del entorno que de la persona.
Es más correcto decir que las culturas tienen distintos ambientes de olor, no que todos sus miembros tengan un mismo olor corporal.
LA CRISIS TÓXICA
¿Qués es la “crisis tóxica” en nuestro país?
R. Ésta se refiere a uno de esos hechos incomprensibles. La “crisis tóxica” en México es una vergüenza nacional y una condena directa a la irresponsabilidad del gobierno. No se trata de un problema técnico ni de un simple conflicto ambiental: es la evidencia brutal de un Estado que ha permitido, por omisión o por complicidad, que comunidades mexicanas carguen con los desechos, la contaminación y los riesgos que otros países no quieren asumir. México ha sido convertido en un basurero tóxico. Y lo intolerable es que las autoridades sigan actuando como si esto fuera normal, como si la salud de millones pudiera sacrificarse para sostener intereses económicos, arreglos opacos o una relación desigual con EU. Un ejemplo es el caso de la planta Zinc Nacional en el área de Monterrey, donde se procesan residuos peligrosos exportados desde EU y se reportaron niveles muy altos de plomo, arsénico y cadmio en casas y escuelas cercanas. Otro caso es el río Atoyac, señalado por el relator de la ONU como uno de los focos más graves de descargas industriales contaminantes en el país.
Cuando el gobierno no impone límites, no fiscaliza, no sanciona y no protege, deja de ser árbitro y se convierte en cómplice. La realidad es indignante: hay zonas enteras condenadas a respirar veneno, beber agua contaminada y vivir con enfermedades provocadas por un modelo de abandono. Eso no es desarrollo, no es cooperación y no es soberanía. Es una claudicación vergonzosa del Estado mexicano frente a la contaminación y al poder económico externo.
Cada día de inacción confirma que para las autoridades la tragedia ambiental de esas comunidades no importa. Y eso, dicho sin rodeos, es una traición a la población.
