ALCOHÓLICAS SANAS
¿Hay bebidas alcohólicas que se pueda decir que son “sanas”?
R. Las bebidas alcohólicas y la salud rara vez aparecen en la misma frase, pero dentro de un consumo ocasional existen opciones menos dañinas. El punto central es reducir azúcares añadidos, aditivos y graduaciones excesivas. Entre las alternativas más razonables destacan los destilados claros como vodka o ginebra, mezclados con agua mineral, que aportan menos calorías y evitan picos de glucosa. El vino tinto, aunque no es “saludable”, contiene polifenoles que algunos estudios asocian con beneficios cardiovasculares moderados. También conviene elegir cervezas ligeras o de baja graduación para limitar la carga alcohólica total. La regla real es simple: porciones pequeñas, bebidas simples y pausas sin alcohol.
Elegir bien no convierte el alcohol en saludable, pero sí reduce parte del daño.
NOTA FAMILIAR
Con mucho cariño y amplia sonrisa recuerdo las recetas de mi abuelita para malestares comunes y, con gusto, aquí las comparto: Anís para el cólico, para bebés y adultos, para “calmar el estómago”. Rompope (de las monjas que lo llevaban a vender a la redacción de Excélsior) para recuperar fuerzas, considerado casi un suplemento nutricional por el huevo y la leche. Tequila para la digestión, “abría camino” después de comidas pesadas. Ponche con piquete para el resfriado, el alcohol “sudaba” la gripe. Aguardiente para el susto, un trago para “asentar el alma” después de un sobresalto. Whisky para la presión, cuando estaba “alta”. Cognac cuando la presión estaba “baja”.
LA BASURA
¿Cuánta basura genera, en promedio, cada mexicano al día?
R: Según datos de la Semarnat y del Inegi, cada mexicano genera, en promedio, entre 0.9 y 1.2 kilogramos de residuos sólidos por día, lo que se traduce en, aproximadamente, 120 mil toneladas de basura diarias a nivel nacional. En zonas urbanas, como la Ciudad de México o Guadalajara, la cifra sube considerablemente, mientras que en comunidades rurales puede ser significativamente menor. Comparado con otros países, México se ubica en un nivel intermedio: muy por debajo de Estados Unidos, donde el promedio supera los dos kilogramos diarios por persona, pero por encima de muchos países africanos y del sur de Asia.
El problema mayor en México no es sólo la cantidad, sino el destino: menos de 10% de los residuos se recicla formalmente, y una parte significativa termina en tiraderos a cielo abierto o en ríos y barrancas. México produce basura de primer mundo, pero la gestiona, en muchos casos, con infraestructura de otro siglo.
LA MASTICADA
No sé si a usted le pasa, pero yo no puedo aguantar el ruido de una persona masticando con la boca abierta, claro. ¿Qué le parece?
R. Porque no siempre es simple molestia: puede ser misofonía, un trastorno neurofisiológico donde ciertos sonidos cotidianos —masticar, sorber, respirar— activan una respuesta desproporcionada de irritación o angustia. El cerebro procesa esos ruidos como amenazas mínimas, pero constantes, y dispara una reacción de estrés que no se apaga con la lógica. No es manía ni exquisitez: estudios de la Universidad de Newcastle muestran hiperactividad en la corteza insular anterior, la zona que integra emociones y señales sensoriales.
Lo más desgastante no es el sonido, sino la incredulidad ajena. Como dice Sloane Crosley, la misofonía incluye “la lucha por convencer a otros de la severidad de esa aversión”. Quien la padece no busca silencio absoluto, sólo no vivir atrapado en un ruido que para los demás es irrelevante.
