Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 23 de junio de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

LAS PENAS (no las del alma)

¿Realmente sirve de algo endurecer las penas (condenas) si la impunidad sigue igual?

R. Este es el eterno debate mexicano: ¿más castigo o mejor justicia? Los datos son claros: aumentar penas no reduce delitos si el criminal sabe que probablemente no lo atraparán. México tiene niveles de impunidad superiores a 90% en varios delitos; en ese contexto, subir años de cárcel es como ponerle candado a una puerta sin pared.

El problema no es la severidad, sino la certeza. Países que redujeron violencia lo hicieron fortaleciendo investigación, ministerios públicos y tribunales, no redactando leyes más duras.

Pero endurecer penas es políticamente rentable: da la sensación de acción inmediata.

La pregunta incómoda es otra: ¿queremos justicia que funcione o discursos que tranquilicen?

Mientras la impunidad siga intacta, cualquier reforma penal es maquillaje.

VA O NO VA

Si  tanto dicen que “la economía va bien”, ¿por qué yo no lo siento?

R. Sencillo, los indicadores macroeconómicos miden países, no personas. El PIB puede crecer mientras los salarios reales se estancan, la vivienda se vuelve inalcanzable y la inflación castiga más a quienes gastan todo su ingreso en comida y transporte.

Además, la economía digital creó una paradoja: más empleos, pero más precarios; más servicios, pero más caros; más opciones, pero menos estabilidad.

La narrativa oficial habla de crecimiento; la gente habla de costo de vida. Son dos idiomas distintos. Y en muchos países, México incluido, la desigualdad hace que el crecimiento se concentre en sectores que no representan a la mayoría.

Por eso la sensación colectiva es tan contradictoria: la economía puede estar “bien”, pero la vida cotidiana no.

DEPORTE O NEGOCIO

¿Por qué el futbol se volvió más negocio que deporte, y qué significa eso para el aficionado?

R. El dinero dejó de ser un complemento y se volvió el motor. Los clubes ya no compiten por gloria, sino por mercados, audiencias y derechos televisivos. Las ligas se diseñan para maximizar ingresos, no para equilibrar competencia.

El resultado es un futbol más espectacular, sí, pero también más desigual: unos pocos equipos concentran talento, patrocinadores y títulos.

Para el aficionado, esto significa dos cosas: más entretenimiento… y menos ilusión. El “cualquiera puede ganar” se volvió mito.

Además, la globalización del futbol diluyó identidades locales: un club puede tener dueños en Oriente Medio, jugadores de cinco continentes y aficionados que nunca pisaron el estadio.

El futbol sigue siendo pasión, pero ahora es pasión administrada por contadores y precios “dinámicos”, que lo único que tiene de esto es que “dinámicamente” nos sacan más de lo razonable.