Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 12 de abril de 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin Maquillaje

INDUSTRIA BÉLICA/ENRIQUE MANDUJANO

¿Por qué no hay industria bélica en México? ¿Está impedido legalmente para desarrollarla? ¿Sería una buena fuente de ingresos y empleos?

R. Don Enrique, México sí tiene industria bélica estatal limitada, gestionada por Defensa y la Marina, que fabrica armas ligeras como el FX-05, vehículos blindados y buques. No está prohibida legalmente: el Tratado de Tlatelolco veta nucleares, pero permite convencionales bajo control estricto del Estado y tratados como Wassenaar.

Razones de su tamaño reducido: altos costos en I+D, dependencia de EU, tradición pacifista y de no intervención, prioridad presupuestal baja y riesgos políticos por violencia interna y tráfico de armas.

Beneficios potenciales: genera miles de empleos directos e indirectos, impulsa sectores como aeroespacial y naval, ahorra divisas y podría exportar nichos de alta tecnología.

Riesgos: volatilidad por ciclos geopolíticos, corrupción, mayor poder militar en economía y contradicciones éticas dentro de un país violento.

En balance, podría ser fuente moderada de ingresos y empleos si se enfoca en duales tecnológicos con controles estrictos, pero no es palanca milagrosa sin reformas profundas.

ROBOTS

¿Qué tanto ha aumentado el uso de robots en las fábricas en México?

R. Las fábricas instalaron más robots industriales que cualquier país en el continente, excepto Estados Unidos. Este auge, impulsado por gigantes del nearshoring, como Tesla y BMW que se instalan en Nuevo León y Guanajuato, ha transformado las maquiladoras en potencias de precisión extrema. Los robots ahora sueldan, ensamblan y pintan piezas de autos incansablemente, las 24 horas, impulsando la productividad y convirtiendo a México en un imán para las cadenas de suministro globales. Sin embargo, debajo de este triunfo tecnológico yace un costo humano drástico: el desplazamiento de los obreros manuales de rutina que antes llenaban esos puestos.

Desde el piso de la fábrica, el cambio se siente como un desalojo lento. Los ensambladores semicalificados, muchos sosteniendo familias con salarios ajustados, observan cómo los robots toman las tareas repetitivas que dominaron durante décadas, borrando empleos a un ritmo estimado de 4 a 7% en manufactura para 2030. Los salarios se estancan para los que quedan atrás, mientras la demanda nueva se dispara para técnicos que puedan programar y supervisar las máquinas, dejando detrás a trabajadores en sus 40 y 50 que carecen de habilidades digitales o acceso a capacitación. En pueblos fronterizos polvorientos, las familias lidian con incertidumbre: el despido de un padre significa que los hijos abandonen la escuela, las madres tomen turnos extras en economías informales menguantes, y un resentimiento silencioso hacia los robots relucientes que prometen progreso para algunos, pero se sienten como intrusos robando futuros. Las voces de los trabajadores desplazados hacen eco de historias de orgullo convertido en pánico, alguna vez la columna vertebral del milagro económico de México, ahora luchando por programas gubernamentales como Conalep que no pueden seguir el ritmo, preguntándose si el boom de robots alguna vez dará la vuelta para levantarlos.