RELIGIÓN Y DIOSES
¿Quién y cuándo inventó la religión y los distintos dioses?
R. Espero que no sea ni sorpresa ni controversia. La religión no tiene un inventor único, surgió de manera independiente en distintas culturas humanas hace decenas de miles de años. Los antropólogos creen que nació de necesidades muy concretas: explicar fenómenos naturales incomprensibles (tormentas, enfermedades, la muerte), crear cohesión social dentro de grupos, y darle sentido al sufrimiento. Los primeros indicios, como enterramientos rituales del Homo sapiens hace unos 100 mil años, sugieren que la religiosidad es casi tan antigua como nuestra especie. Cada civilización construyó sus propios dioses a partir de su entorno: los egipcios divinizaron al sol y al río Nilo; los griegos, a las fuerzas de la naturaleza y a las emociones humanas; los mayas, al tiempo y al maíz. En pocas palabras, los dioses no los hizo nadie en particular: los hicimos todos, para intentar entender un mundo que nos superaba.
FLOTA
Sr. La Mont, si el hielo es agua sólida, ¿por qué flota?
R. El hielo flota por una rareza molecular que desafía la lógica común. El agua líquida mantiene sus moléculas apretadas, moviéndose sin descanso. Al congelarse, se ordenan en una estructura rígida que ocupa más espacio y reduce su densidad. El resultado es un sólido menos denso que su propio líquido, algo inusual en la naturaleza. Gracias a ese capricho, los lagos no se congelan desde el fondo y la vida acuática sobrevive inviernos enteros bajo una capa protectora. Sin esa anomalía, la Tierra sería un planeta mucho más frío y menos habitable. La ironía es evidente: el hielo flota por ser más “ligero” cuando está rígido, mientras que, por ejemplo, en la política mexicana suele ocurrir lo contrario: lo que se endurece, se hunde.
LA MORAL, IGUAL
¿Ha cambiado nuestra naturaleza moral?
R. Si aceptamos que los pecados no cambiaron (columna pasada), la pregunta inevitable es si nosotros sí. La respuesta corta: no tanto como creemos. Nuestra tecnología avanza, pero nuestra brújula moral sigue calibrada por los mismos dilemas: deseo, miedo, poder, pertenencia. Lo que sí cambió es el ritmo y la visibilidad. Antes pecábamos en privado; hoy pecamos en HD y a velocidad de fibra óptica. Antes, la moral se negociaba en familia, iglesia o comunidad; ahora se negocia en tiempo real con millones de desconocidos. Pero, en el fondo, seguimos siendo criaturas que buscan aprobación, temen la exclusión y se debaten entre el impulso y el criterio. Lo moderno no es la moral, sino el ruido que la rodea.
RACISMO EN MÉXICO
¿No le parece don Alfredo que el racismo en los medios mexicanos sigue normalizado? Es difícil ver representantes de los muchos grupos etnoculturales en los medios, ¿no?
R. El racismo en los medios mexicanos persiste por una mezcla de comodidad cultural y una industria que prefiere no mirarse al espejo. La televisión abierta construyó durante décadas un país ficticio donde casi nadie era moreno y mucho menos afrodescendiente. En 2019, el caso de Yalitza Aparicio lo dejó claro: su nominación al Oscar desató comentarios clasistas de actrices y conductores que revelaron lo que muchos piensan fuera de cámara. La representación afro es aún más escasa. En telenovelas, noticieros y publicidad, la presencia afromexicana es casi nula, salvo cuando se recurre al exotismo turístico. La ironía es que los medios presumen modernidad mientras reproducen un casting que parece de 1985. La ausencia no es casual, es estructural. Un país que no se ve a sí mismo en pantalla difícilmente podrá reconocerse en la vida pública.
