Otro pronóstico fallido

No es necesario remontarnos muchos meses atrás. Fue apenas hace unos cuantos días, a las puertas del inicio del Mundial, cuando las principales voces políticas y mediáticas del conservadurismo anunciaban que vendría una catástrofe para México como nación anfitriona.

Algunos usaban como pretexto la situación de seguridad y auguraban, no sin deseo, que los visitantes extranjeros se sentirían retraídos y temerosos de visitarnos por la tormenta de malas noticias que reciben a diario en sus países. Otros llegaron al extremo de sugerir la posibilidad de un atentado durante la máxima justa mundialista. Algunos más pedían, simple y llanamente, que nos fuera retirada la sede.

Otra vertiente de esa visión, o anhelo fatalista, fue la de quienes promovían una supuesta situación de ingobernabilidad en la Ciudad de México, en medio de movilizaciones, bloqueos y amenazas por parte de un sector de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que llegó a soltar la posibilidad de sabotear la justa mundialista.

Asimismo, voceros opositores repitieron hasta el cansancio que ni el gobierno federal ni el de la capital estaban preparados en obras e infraestructura para recibir a semejante cantidad de personas. Anunciaban que, arrancada la justa, nuestros aeropuertos, vialidades y sistemas de transporte colapsarían frente a la falta de preparación atribuida a las autoridades.

Hoy, sábado 11 de julio, a seis días de haber finalizado nuestra participación tanto futbolística como organizativa en este histórico Mundial, la realidad les ha dado un portazo en la cara del cual difícilmente podrán recuperarse. Así marcharon las cosas en el terreno de los hechos:

Desde el ángulo de la seguridad, no sólo quedó descartado cualquier evento de violencia y desestabilización por parte de grupos criminales, sino que incluso las cifras públicas muestran algunos de los mejores resultados en la materia. El 16 de junio, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, anunció que la incidencia de delitos de alto impacto en la Ciudad de México disminuyó 65% en comparación con 2019. Además, el 5 de julio, el Gabinete de Seguridad federal, encabezado por Omar García Harfuch, dio a conocer que los homicidios dolosos disminuyeron 33.5% durante junio.

En términos de “falta de gobernabilidad”, también se quedaron con las ganas quienes ansiaban imágenes internacionales de caos y descontrol. Los equipos negociadores encabezados por las secretarías de Gobernación y Educación lograron encauzar los reclamos de las movilizaciones sociales, y no se reportó ningún problema relevante para ciudadanos mexicanos o extranjeros al asistir a partidos en el estadio o a los festivales futboleros colocados a lo largo de la ciudad.

Por último, también fracasaron estrepitosamente quienes desconfiaban de los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Clara Brugada. Basta con abrir las redes sociales o revisar los principales noticieros de hace un mes para recordar cómo se vislumbraba el descontrol de lo que vendría en junio. Y si bien es cierto que las obras y adecuaciones generaron malestar temporal en miles de ciudadanos y usuarios durante las semanas previas al arranque mundialista, la experiencia objetiva de los últimos días demuestra que el país y la ciudad respondieron al enorme reto que implicó ser sede.

Para poner a examen lo que digo, no solicito al lector que confíe solamente en mi palabra. Los medios escritos y digitales de todo el mundo, así como los miles de personas que asistieron a nuestro país para hinchar a sus selecciones, dejan muestra de los elogios y calificaciones más que aprobatorias que se ha llevado nuestro pueblo y su gobierno. La conclusión duele a quienes apostaron por el fracaso: México estuvo a la altura y calló, con hechos, a quienes querían verlo caer.