Dicen que prometer no empobrece y, quizá por ello, Clara Brugada lleva dos años ofreciendo hacer de la capital una ciudad de ensueño, pero nada más no se ve que su proyecto de gobierno —si en realidad tiene uno— se consolide.
El fin de semana prometió a los habitantes de Magdalena Contreras que en octubre —faltan 20 días— concluirán las obras que evitarán las inundaciones que cada año dañan casas y enseres de los habitantes de esa demarcación.
Para no variar, la doñita del Ayuntamiento hizo esperar a los vecinos dos horas bajo el sol, pues dicen que le gusta aparecer hasta que el evento está lleno. Y así fue como ofreció entregar las obras de drenaje en esa castigada zona.
¿Por qué hasta octubre, si cualquiera sabe que los meses más lluviosos son entre junio y septiembre?
Le urge entregar esa obra —así sea a medias— para presumirla en su segundo informe, total, si la gente ya esperó años, que espere unos meses más.
A Clara le pasa lo de la fábula de Pedro y el lobo, en la que un pastorcito gritaba siempre por ayuda, mintiendo acerca de que se aparecía el lobo. Repitió el chiste hasta que un día de verdad apareció el animal y gritó por ayuda; ya nadie le creyó.
Y es que los incumplimientos de Brugada no sólo fueron en el Mundial, con los retrasos en las obras del Metro; el desazolve y sus elefantes blancos, como el millonario jardín elevado y su desierta ciclopista, por ejemplo.
Su historial de incumplimientos —sin contar Iztapalapa— viene desde hace más de dos años: bastaría recordar unas cuantas promesas de campaña.
Prometió 16 utopías —proyecto que se fusiló de Colombia— en su primer año; ya van dos años y con trabajos llega a la mitad. Aunque eso es pecata minuta, pues prometió que, si ganaba, dotaría a la ciudad de servicios de calidad, seguridad, infraestructura y economía.
Habló de una Ciudad del Bienestar, con la red de centros de cuidado y desarrollo infantil más grande del país, además de una especie de “Teletón” por alcaldía.
Ofreció un gobierno honesto, transparente y de cero corrupción; no hay día en que la 4T no tenga que salir a aclarar algún acto de corrupción. De hecho, ése es el rubro que más alto le sale en todas las encuestas, incluso las de ella misma; la gente cree que Morena es igual a corrupción.
Clara juró que no toleraría jamás conflictos de interés de sus funcionarios. ¿Y el departamento de Arnulfo Cravioto, en Polanco, propiedad de una asociación a la que ayudó a tomar un terreno en Cuajimalpa para desarrollos inmobiliarios?
Habló de respeto a la independencia del Poder Judicial y a la Fiscalía autónoma, además de cero tolerancia a la violencia contra las mujeres… mientras no sean madres buscadoras.
Prometió aulas libres de caries y el regreso a las escuelas de tiempo completo. ¿Alguien conoce alguna, sobre todo ahora que la prueba PISA vapuleó al sistema educativo de la 4T?
Ofreció instaurar el programa Bache Cero y transformar los ejes viales ¡en avenidas arboladas!, además de un gobierno incluyente, de diálogo abierto; es el más cerrado y porril que se recuerde.
Dijo que Vallejo sería el referente latinoamericano en desarrollo digital, inteligencia artificial, conectividad, ciencia de datos e innovación tecnológica, y que haría de la ciudad una de las más conectadas del mundo.
Clara sólo vive del rollo.
CENTAVITOS
Pero, eso sí, la jefa de Gobierno alista una gira por las 16 alcaldías dizque para promover su informe; será el pretexto para hacer campaña por su partido en pleno año electoral.
