CDMX, campeona mundial del tráfico

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

La empresa tecnológica Tom Tom —de origen holandés—, que mide los índices de tráfico mundial, ubicó por segundo año consecutivo a la Ciudad de México como la urbe con más congestión vehicular del planeta, donde sus habitantes pierden anualmente 184 horas en el tráfico.

El dato —publicado por Excélsior el 22 de enero pasado— indica que la capital mexicana supera a ciudades como Dublín, Bogotá, Lima y Bangkok, por ejemplo. Las cifras son avaladas por millones de capitalinos que lo sufren a diario.

Aunque la capital lleva dos años consecutivos con esa distinción, parece que a Clara Brugada le pasa de noche, porque, en lugar de ampliar avenidas o construir nuevas —como lo hicieron López Obrador y Marcelo Ebrard—, prefiere estrangularlas con sus obras.

El tema no sólo afecta la calidad de vida de los capitalinos, sino que impacta en la economía por las horas-hombre que se pierden a diario. La cifras no consideran aún la pérdida de dos carriles en la vital calzada de Tlalpan por la construcción de una ciclopista de ornato.

La obra, ordenada por Brugada para quedar bien con los turistas que vengan al Mundial, ha causado graves afectaciones y no será usada ni por los visitantes ni por la ciudadanía.

El domingo, la jefa de Gobierno dio el banderazo de salida de su inconclusa ciclopista, para lo cual cerró la calzada de Tlalpan. Hasta parece que quiso fastidiar a los capitalinos a propósito, incluso en domingo.

Los acarreados no se atrevieron a usar la ciclopista y pedalearon sobre Tlalpan, al fin que llevaban escolta policial. Toda una utopía; eso no es el mundo real.

¿Por qué Brugada no la inauguró en un día hábil para que viera si en realidad funciona? Qué fácil sacrificar a los automovilistas que necesitaban circular, pues no todos pueden andar en bici.

Aunque ayer Clara elogió su ciclopista y se dijo orgullosa de haber “democratizado” Tlalpan, porque ahora conviven Metro, micros, autobuses, camiones repartidores, autos ¡y ciclistas!, sigue sin presentar un estudio que justifique lo que hizo.

¿Cuántos ciclistas esperan que usen la vía? ¿De qué edades? ¿Qué actividades realizan? ¿La usarán gente de la tercera edad, madres que llevan a sus hijos al colegio o pacientes de hospital? ¿Quiénes y cuántos?

Obviamente, no tiene estudio de impacto; fue sólo por capricho. Ni a ella o sus funcionarios les afecta, pues no usan transporte público. Tienen choferes y elementos de Tránsito que les facilitan el paso. Parece que a la jefa de Gobierno le interesa más la ideología que los resultados.  

A casi año y medio de gestión, cada vez queda más claro que Clara es mucho más doctrinaria que sus antecesores. A los problemas de la ciudad quiere imprimirles un sello izquierdista que no cumple objetivos ni resuelve problemas.

En lugar de atender el Metro, la seguridad, la movilidad o las inundaciones en su amada zona oriente, prefiere invertir en una obra que no sólo es de ornato, sino que arruina la vida de millones de capitalinos.

CENTAVITOS

Cuando una megafuga de agua dañó varias colonias de Álvaro Obregón, nadie reparó en que eso ya no debió ocurrir, pues el gobierno había presumido un programa de monitoreo en tiempo real para reducir fugas en la red hidráulica, desarrollado entre Amazon y la Secretaría de Gestión Integral del Agua. Se contempló la colocación de un software que permite monitorear el flujo de la red en tiempo real y detectar fugas de manera inmediata, aunado a la colocación de válvulas automatizadas. ¿Y entonces?