Bienvenidos sean mis sensuales fama-lovers, como saben, aquí somos libres de humo. No nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
En el reino de la salamandra se murmura de un tal ruiseñor que emigró de nuevo a tierras españolas. Hablo, por supuesto, de que Miguel Bosé dejó México y se llevó todo su nido, incluyendo a sus polluelos.
Era el 2018, el cantante enfrentaba el golpe de realidad. Una verdad emergía al mundo como lo haría un volcán en cámara rapida en Discovery Channel, o un barro monumental en la frente de un puberto. Miguel Bosé había sostenido una relacion por más de 26 años con el escultor Nacho Palaú, y no sólo eso, ese secreto de amor se reveló justo cuando terminó, anticipando un escándalo que iba más alla del morbo. Involucraba el corazón de cuatro hermanitos que de la noche a la mañana enfrentaban, para mi sentir, una crueldad.
Lo dió a conocer el propio Nacho, cada uno concibió a dos hijos mediante el proceso de gestación subrogada o, como se dice, vientre de alquiler, Bosé era padre de Diego y Tadeo, mientras que Nacho era padre de Ivo y Telmo.
Sin embargo, los cuatro niños nacieron en fechas muy cercanas, crecieron en un entorno donde había dos padres y cuatro hermanos, cuando de pronto cada uno agarró sus chivas y sus cachorros y separaron las canicas. Vayan ustedes a saber quién se quedó con la tele, a esas alturas la separación involucraba millones y toditos eran de Bosé.
Así fue como, sin deberla ni temerla, cuatro hermanitos se volvieron dos..... y dos. Unos con papá ricachón y otros con papá quebrado y enfermo. La controversia escaló cuando el juez dió la razón a Miguel Bose, los niños nacieron y crecieron como hermanos. “cómo”... una palabra determinó la triste diferencia.
Este verano, Miguel Bosé y sus dos hijos volvieron a verse con Ivo y Telmo. Imagino ese momento. Cuando me enteré me dió mucho gusto. Siempre me resultó repudiable que dos de cuatro vivieran carencias por ser hijos del escultor ante la frialdad del cantante, quien se decía su padre.
Cuántas veces no hemos visto estos argüendes, primero se aman, luego se cornean y lo que sigue es La guerra de los Roses, fuego cruzado con los hijitos en medio del campo de tiro. Sin embargo, la cosa se complica cuando el “te amaré, te amaré” vale wilson y la genética manda sobre la idea de una familia.
Yo adoro a Miguel Bosé, no exagero cuando digo que marcó mi adolescencia con su sensualidad dual y sus temas únicos, pero en el terreno de lo personal me queda a deber. Ahora resulta que, luego de 15 días de convivencia con los cuatro muchachos, le niega a Nacho el derecho de estar con ellos.
Miguel Bosé falla al acuerdo de paz, que los cuatro inocentes convivian con un padre la mitad del mes y la otra mitad los mismos cuatro con el otro padre. Nacho hace bien en revelarlo. Si de verdad Miguel quiere a esos chavalos más que a su orgullo, debería, por ellos, tocarse el corazón.
