Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones. Hoy les escribo por obra y gracia de tata chisme, ando en plena mudanza y nomás no encontraba la computadora. Dicho esto, inicio con el escándalo que recibió, hace seis meses, Julio Iglesias. Resulta que acaba de darse una audiencia entre el cantante y elDiario.es, que dio a conocer la denuncia de dos exmpleadas por presunta explotación laboral y abuso sexual. En la comparecencia, los periodistas no cedieron ni una coma: se sostuvieron en defender la versión de las presuntas víctimas y, por lo tanto, los asesores legales del cantante no se retiraron sin advertir que su cliente exigirá llegar hasta el último recurso para limpiar su imagen.
Bueno, ésa es la noticia; el entre líneas que yo veo es muy claro. El cantante más amado de España no piensa permitir que nadie, así sea cierto, ensucie su legado. Pero hace 40 años ya se había tenido que aguantar el torzón cuando su exmayordomo soltó toda la sopa en el libro Truhán o señor, ya que perdió la demanda y eso que el libro no presentaba prueba alguna. Ahora que el diario asegura contar con las pruebas recabadas en más de tres años, dudo mucho que se salga con la suya.
La experiencia a mí me dice que entre más se quiera censurar una verdad, mayor será el ruido que ésta haga al escapar del silencio. Las presuntas víctimas de Julio no lo han revelado todo y creo que hay una estrategia periodística avalando la publicación. Me da risa cómo, al momento de estallar la controversia, todas las amistades del famoso salieron como en campaña a dar declaraciones sobre el gran ser humano, el respetuoso, el señorón. O sea, TikTok exhibía al tentón y las amistades de entonces negando lo que estaba documentado en video, pero así no se ganan los juicios.
Últimamente he estado pensando que una cosa es lo legal, otra lo moral y ambas son lo mediático. O sea, este mundo virtual del dime y direte no es determinante, pero sí altisonante. Por eso es más importante para algunos famosos ganar en lo mediático, aunque lo legal esté por verse.
Yo estoy del otro lado, de la calle; mi postura como periodista debe ser congruente y respetuosa de lo legal, no puedo informar desde mis simpatías, sino desde lo que consta. Si el famoso o famosa, por muy chido que me caiga, la riega, pues la regó y ya. Mañana habrá otra nota que opaque a su “regada”, pero lo que es, es.
Por ello opino que si el elDiario.es tiene pruebas de lo publicado, que no lo silencien, que no permitan que el poder aplaste la justicia. La trayectoria de Julio Iglesias es punto y aparte. Si violentó a estas mujeres, que valga un cacahuate lo lindo que canta, lo mucho que tiene o lo tanto que le aman; mi reconocimiento al valor de los periodistas que se están aventando ese torito.
Amigos, hoy mi fama-sutra es breve porque sigo sin encontrar el cargador de la compu. Pero así son los cambios: algunos más caóticos que otros, pero todos llevan a algo bueno. Siempre he pensado que las mudanzas son un punto y aparte; haciendo cuentas, me he mudado 21 veces en estos 26 años de vida independiente. O sea, demasiadas veces. De ellas, tres creí que serían mi última, pero la vida me orilló a elegir otro espacio, salir corriendo de algún lugar o, mejor dicho, de alguien. Otro día, si tienen tiempo, les contaré cómo las de Caín han sido mi techo varias veces. Eso sí, cada nuevo comienzo lo atesoro en mi memoria.
Los domicilios, los trabajos, incluso los amores pueden quedarse en el pasado. Lo que importa lo traemos a cuestas, como caracolitos: nosotros somos nuestra casa. Deséenme suerte, tampoco encuentro aún la caja de los chones.
