Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones. Hoy les escribo desde el aeropuerto; voy a pasar de Las Vegas a El Paso, Texas, para visitar al mejor endocrinólogo, dicen, de esos lares. Más vale traer el chasis al tiro, que una ya no se cuece al primer hervor y hay colegiaturas, seguros médicos y dos corazoncitos necesitándolo todo por unos 15 años más.
Justo ahora que lo digo, pienso en cómo muchos famosos se dan el superlujo de traer hijos al mundo después de los 50 años. Nada es seguro en esta vida y los días no los tenemos comprados por más dinero que alguien pueda amasar; hemos visto padres y madres irse muy jóvenes de este mundo y puedo asegurar que, al tener hijos, no anticiparon la tragedia de no verles crecer. Digo, si algo desea uno como padre es ver realizados a sus hijos. ¡Expectativa que supongo no tuvo un Al Pacino cuando a los 83 volvió a cambiar pañales! Robert De Niro, por su parte, ¿no tuvo reparo en ser padre de nuevo con 79 años? ¿Y qué tal Mick Jagger? Él sí es un jovencito: sólo tenía 63 años cuando le "cuajó la gelatina".
Las imágenes de Marc Anthony y su joven esposa de 26 añitos, Nadia Ferreira, partiendo un espectacular pastel por la fiesta de bienvenida del bebé me maravillaron e intrigaron al mismo tiempo. ¿Qué se sentirá tener las arcas llenas y la expectativa de vida algo gastadita? Con 57 años, Marc todavía levanta un piano y, tal vez, cuando su octavo bebito cumpla los 20, el cantante esté en unos envidiables y bien llevados 78 años. La lana no será jamás una preocupación pero, ¿la brecha generacional? Supongo que Marc tiene mayor margen de oportunidad que las estrellas de Hollywood. ¿O vamos a creer que Al Pacino piensa enfrentar la adolescencia de su hijo?
“¡Si el milagro es que lo lograron!”, exclamaría yo si estuviera en la sala de mi casa.
Pero una cosa es cierta y es precisamente la incertidumbre. Capaz que los padres añosos nos entierran a todos. Nadie sabe. Pero cuando leí la nota de un magnate de la Fórmula 1 —ni recuerdo el nombre, pero sí la hazaña— que se atrevió a tener un hijo a los 89 años, me queda claro que no siempre es por el amor o la esperanza de verles crecer; también hay emporios que necesitan traspaso.
Yo, que viví como otras familias adoptivas un proceso regular, sé que una de las reglas al momento de elegir a familias para un niño, niña o adolescente es justo el tema de la edad. No puedes esperar un bebé recién nacido si tú pasas de los 50 años, por más solvente que seas. En este criterio, la prioridad es la formación de una familia acorde a los requerimientos de los menores, así que, si eres candidato idóneo a adoptar, te entregarán a un menor o una menor con una edad lógica de tus años fértiles. Ojo, sólo comparto mi experiencia. No trato de evangelizar a nadie. Deseo que esos angelitos gocen por muchos años de sus acaudalados y maduros padres. Al fin de cuentas, no hay padres perfectos.
No quiero irme sin ponerles el chisme de cuánto cuesta una revista de Oprah: ¡nada más 17 billetes verdes con 22 centavos de dólar! Claro, ¡es Oprah! Nos leemos el próximo lunes.
