Bienvenidos sean mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Quiero iniciar cantando: “Ya llegué de donde andaba, ¡se me concedió volver!”. Hacía tiempo que no me desconectaba del todo para andar recogiendo carritos, haciendo pancakes y liberando grillos de frascos de mayonesa.
Por fin las clases vuelven y, con ellas, la correteada antes de las 8:00 p.m. pa’ que se duerman y antes de las 6:00 a.m. pa’ que se despierten. Pero, como dicen los malucos: “Ya se la saben”.
Lo que deberíamos saber ya, pero no queremos entender, es que cualquier intervención quirúrgica implica apostar la vida en un quirófano. En el medio del espectáculo la mayoría de cirugías son por vanidad, no por enfermedad. ¿O me van a decir que el cambio de color de ojos de Alma Cero y su marido, los aumentos en el busto de Sabrina o la luxación de costillas de Wendy Guevara eran casos de vida o muerte? Obvio no. Pero no crean que este Fama-Sutra va a criticar a las y los operados, porque simplemente me muerdo la lengua.
Famosos o no, muchos nos hemos estirado un poquis los cachetes frente al espejo o hemos imaginado cómo nos veríamos con la talla de tal o las curvas de cual. No nos hagamos; pero de eso a destinar el afore al arreglito, pues sólo los decididos.
Siempre he pensado que parte del éxito en los espectáculos es que un@ se identifica o refleja en la vida de los famosos. O sea, si a Mariana Ochoa no le pagan la pensión; si Ariadne se metió con el hombre de la ex de su actual esposo; si la suegra acusa a la nuera de rodar de allá para acá, ser de todo y sin medida; si la mamá del medio hermano insinúa que la niña de Derbez no es bonita; si
Angélica María asegura que otra consagrada le puso el pie cuando era amante de El Tigre, y si hermanos se dan hasta con el petate por la herencia de Juanga... pues uno siempre tiene un ejemplo parecido en la vida, ¿o no?
Por eso el tema de las cirugías es tan comentado. La mayoría de nosotros quisiéramos vernos como las celebridades, la mayoría de nosotros lamentamos no tener el dinero para ir con sus cirujanos y la mayoría de nosotros somos implacables críticos de los malos resultados.
A Galilea se le ha dicho y hasta inventado de todo; mismos cuentos que ella se ha empeñado en negar. Pero cuando lo evidente salta a la vista y el ataque es directamente contra lo que se ve en su rostro, la conductora tiene que salir a explicar punto por punto lo que debería, creo yo, reservarse, ya que esa situación duele, y mucho.
La lucha de Gomita por tener una figura esbelta tiene muchos años. Su talento y carisma le vienen desde niña, pero al ir creciendo, la presión social por caber en una angosta envoltura de caramelo la llevó a derretirse voluntariamente.
Ella acaba de encender las alarmas al admitir que la última intervención derivada de una complicación por el bypass —o sea, la modificación de su sistema digestivo a fin de perder kilos— no dio el resultado esperado y, además de sufrir mucho dolor, esto podría escalar al punto de acortar sus expectativas de vida.
Si ser delgado es ser hermoso, seguimos siendo una sociedad despiadada con nosotros mismos.
Decía Gala Montes que a
Mariana Echeverría la trataban bien sólo porque había adelgazado. Es una frase terrible, pero no por agresiva, sino por cierta.
Alguien que quiero mucho dijo entonces que, en efecto, desde que había bajado cerca de 30 kilos el trato de jefes y empleados era distinto. Personalmente pasé un susto de aquellos la última vez que me abrió un bisturí; mi intención era un tema de salud y, de paso, una cirugía estética, pero mi corazón se puso algo remilgoso. Agradezco mis bracitos guangos, porque no me queda de otra por ahora. Sin vida no hay vanidad.
Una cosa sí: quien anda pensando y pagando por reducirse acá, estirarse allá y surtirse acullá es porque su salud está al centavo. Eso es un privilegio que seres como Yolanda Andrade, Verónica Castro y otros no tienen. Pero hay que pensárselo bien; la salud, la bendita y efímera salud, es como un buen puesto de tacos: si así se llena cada noche, no le cambiemos nada. A veces, por modernizar el changarro, la clientela se pela. Más vale.
