Surfeando en la multitud
Fue idea de Meme. El público en La Plata, una ciudad a una hora en carretera de Buenos Aires, estaba eufórico. Rubén se había aventado del escenario una canción antes, así que en el momento en que nos poníamos de acuerdo para tocar Juegos de Seducción, la canción ...
Fue idea de Meme. El público en La Plata, una ciudad a una hora en carretera de Buenos Aires, estaba eufórico. Rubén se había aventado del escenario una canción antes, así que en el momento en que nos poníamos de acuerdo para tocar Juegos de Seducción, la canción de Soda Stereo con la que homenajeamos al maestro Cerati, Emmanuel propuso que nos echáramos un clavado al mar de gente, como gran final a una tocada llena de energía.
El público que abarrotaba La Trastienda había coreado y bailado todas las canciones. Nos habían vitoreado a cada uno por separado, y hasta habían apoyado con cánticos a Quique, mientras éste arreglaba un desperfecto en su pedalera llena de efectos que causaba estragos en el sonido del bajo.
Era muy buena idea terminar de esa manera el concierto: surfeando el mar de gente, dejándose ir por las olas de manos sudorosas. Pero aunque respondí que sí a la propuesta de Meme, me faltaba convicción. Ya veremos dijo un ciego, pensé.
Stage diving y crowd surfing son palabras anglosajonas que describen acciones que hasta ese momento me eran ajenas. Jamás lo había hecho ni me había pasado por la cabeza hacerlo. Claro, a Rubén y a Emmanuel, que están flaquitos, los pueden cargar los cientos de manos alzadas, sean éstas de hombre o de mujer. La fuerza de gravedad no es una ley que puedas romper nada más porque sí. Los mexicanos, muy dados a ignorar muchas de las leyes que supuestamente nos rigen, se cuadran ante esta LEY, con mayúsculas. Sobre todos los que han echado panza por tantos años de cerveza y la famosa dieta de la T.
Como les digo, para Rubén es una práctica común y más en los inicios de Café Tacvba. Recuerdo haberlo visto trepar a una torre a un lado del escenario en Puerto Rico, varios metros sobre el nivel de la gente y aventarse sin atisbo de duda al público que lo vitoreaba allá abajo. Creo que esa vez lo llevaron a la enfermería para revisarlo. Nada grave pasó, pues al otro día estábamos dando un concierto en otro lugar lejos de ahí.
A Emmanuel, después de haber tocado el bombo leguero en Matador, en un concierto de los Fabulosos Cadillacs en Los Ángeles, el público lo arrastró y nadó unos minutos entre la gente, que lo llevaba de un lado para otro.
Por suerte, mis compañeros han salido bien librados en estos menesteres. Aunque sé de muchos que no les ha ido tan bien. Recuerdo que cuando salimos de gira con Mano Negra, aquel mítico tour por varias ciudades de la República Mexicana acompañados también por la Maldita Vecindad, vi cómo Manu Chao saltó del escenario, no logró sortear la valla del público y se dio tremendo golpe en el pecho. Pero subió de nuevo, como si nada, para seguir corriendo y cantando. Aunque eso sí, uno de su staff lo amarró con cinta gaffer por el tronco encima de su camiseta. Recuerdo que el gaffer, esa cinta adhesiva de uso industrial, era la panacea para los franceses: la usaban de cinturón para sus holgados pants Adidas, para arreglar guitarras, baterías y amplis. Como si el escenario fuera una zona de guerra, el gaffer fue usado también como venda de primeros auxilios.
Terminamos de tocar Juegos de seducción y Emmanuel, Quique y Rubén se prepararon para el salto. Yo me hice medio güey, pero vi que me gritaban desde las primeras filas para que me aventara, así que confié en que me cargarían. Además, de un tiempo para acá estoy más flaco, he bajado varias tallas, así que tampoco les iba a pesar tanto como antes.
Le di mis lentes a Toño el Doble Guzmán, uno de nuestro staff y me fui hacia la gente. Debo confesar que entré “de ladito” en vez de dar un salto olímpico. Siendo la primera vez preferí ser más que precavido.
Supongo que duré sólo unos cuantos segundos surfeando, pero la sensación es maravillosa. Hay que dejarse ir, flotar como en el agua, pues de la misma manera que en ese elemento, si te pones duro, te hundes.
En cierto momento me crucé con Meme, quien acabó encima de mí. Vi la mano de Gonzo, nuestro tour manager, quien estaba en el escenario y la tomé saliendo así del mar de gente.
Al otro día, amigos en México aficionados a las redes sociales que vieron videos y fotos del suceso, me dijeron que ya no estaba para esos trotes, ¿cómo que no? Es muy sencillo, mientras alguien quiera sostenerte, mientras alguien te quiera tanto como para no dejarte caer, así tengas 80 años, puedes hacer crowd surfing.
Así que espero que se repita.
