Histeria: no hace vibrar

No cabe duda que el cine puede ser una buena fuente de conocimiento. No estoy diciendo que se tome al pie de la letra lo que vemos en una película que “juega” con la historia, pero sí que es muy útil tomarla como base para investigar más a fondo. Con Histeria, que ...

No cabe duda que el cine puede ser una buena fuente de conocimiento. No estoy diciendo que se tome al pie de la letra lo que vemos en una película que “juega” con la historia, pero sí que es muy útil tomarla como base para investigar más a fondo. Con Histeria, que se estrena hoy, me enteré de algo verdaderamente pintoresco, uno de tantos disparates de la medicina en su búsqueda de la curación de los males que acosan a la humanidad.

Según Wikipedia, la histeria (del francés hystérie y que a su vez proviene del griego

, útero) es una enfermedad de este órgano y, por lo tanto, propia de la mujer y que causa trastornos en su comportamiento sicológico. La verdad hoy en día de las personas con tendencia a la histeria que conozco la mitad podrían ser hombres.

Pues resulta que a lo largo del siglo XIX, en buena parte de la era victoriana, la histeria se diagnosticaba a las mujeres como causada por conflictos de tipo sexual. Los trastornos que “incluían desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, pérdida de apetito y ciertos desórdenes de conducta” se atribuían exclusivamente a las mujeres y los médicos trataban a las enfermas por medio de masajes en el clítoris, hasta que la paciente alcanzara lo que entonces se llamaba “paroxismo”, que no es otra cosa que un orgasmo. Me imagino los excesos a los que se debe haber llegado en aras del “avance de la ciencia”.

La desconocida realizadora estadunidense Tanya Wexler dirige un guión de los también desconocidos Stephen Dyer y Jonah Lisa Dyer sobre una idea de Howard Gensler. Histeria (Hysteria, Estados Unidos-Francia-Alemania-Luxemburgo, 2011) es una comedia romántica muy a la inglesa, que se ubica en la segunda mitad del siglo XIX, justamente en el ambiente de esas ansiosas mujeres que buscaban una satisfacción y consuelo a sus hormonales calenturas, y un médico que se estaba haciendo rico llevándolas, con su habilidad manual y unos sofisticados aceites importados, al éxtasis del placer. Interpretado por el experimentado Jonathan Pryce este circunspecto galeno resulta divertidísimo.

A su consultorio llega un joven médico, idealista y harto del primitivismo del ejercicio de la medicina en los hospitales ingleses: Mortimer Granville, considerado el padre del vibrador de baterías en la década de 1880 y al que da vida en la pantalla el actor Hugh Dancy.

Granville supera al maestro en eso de aliviar a las pacientes de sus deseos sexuales, pero además en complicidad con un excéntrico amigo millonario, Rupert Evert, inventa un aparato que revolucionó la vida sexual de millones de personas en el mundo: el vibrador.

Desgraciadamente el guión de Histeria se desarrolla con ambigüedad y no se define ni por la comedia romántica ni por la comedia sexual, género en el que pudo haber resultado algo muy divertido, sin caer en el mal gusto. Contaban con elementos como la propia época que es emblemática en cuanto al conflicto entre los sexos, las primeras feministas, el oscurantismo y la mordaza para hablar de sexo y la imposición de valores declaradamente masculinos (o machistas), que dejaban a la mujer fuera de lugar en el juego del placer.

El personaje de la estadunidense Maggie Gyllenhaal, que alcanza una buena interpretación con su impecable acento inglés, no tiene sustancia y no está bien insertado en la historia, y pudiendo ser un elemento que proporcione situaciones climáticas y de cierto dramatismo, no acaba por interesarnos como espectadores.

La ambientación está bien cuidada pero sin duda Jonathan Pryce, el que en los momentos de los “tratamientos” a sus pacientes y las actuaciones de algunas de ellas al llegar al paroxismo, son los que dan los momentos más divertidos a Histeria que ni aún con el tema tratado pasa de ser una película agradable sin atreverse a llegar a ser una entretenida comedia sobre sexo. Lástima. 7/10.

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