Por nosotros
Hay algo peor que un pendejo. Y eso es un pendejo con iniciativa. Y aún peor, un pendejocon opiniones. No voy a sostener que todos los que consideran así nomás que Florence Cassezes responsable son pendejos. No. Dios me libre. Pero sí que hay muchos.
Dentro de algunos días, hará seis años justos que se inició la actual etapa de El Periódico de la Vida Nacional, que gracias a la intervención de un grupo de inversionistas poderosos y valientes, y a un equipo de profesionales competente y comprometido, salvó del naufragio a la ya casi centenaria nave insignia del periodismo mexicano, que andaba a la deriva después del “motín a bordo” que había protagonizado, con razón o sin ella, un buen número de trabajadores.
Es mala idea hablar de los jefes. Siempre. Si los elogia uno, no puede no pasar por lambiscón, y si los denuesta, aparece como renegado o en el mejor de los casos, subversivo. En cualquiera forma, mala pieza en el telar.
Sin embargo, violando esta auténtica “regla de oro” de todo asalariado, no puedo no felicitar de manera entusiasta a quienes hicieron y hacen posible este renacimiento. A los que siguen ahí, a los que estuvieron y ya no están, y a los que han ido llegando. Prefiero no dar nombres, podría yo cometer olvidos dolorosos. En todo caso, Excélsior vive su segundo prime, y es motivo de júbilo compartido. Se salvó el rotativo y se salvaron los intereses de los cooperativistas.
Los colaboradores quedamos bailando, después de habernos quemado pestañas y yemas de oquis durante más de cinco años. No quiero amargar la fiesta, pero si no lo digo, reviento.
Pero esta vez, a la celebración, llamémosla doméstica, deberemos añadir otra, de implicaciones y ámbitos mucho más amplios y significativos. El pasado miércoles el ministro de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, entregó a los integrantes de la Primera Sala su Ponencia de Sentencia acerca del caso de la ciudadana francesa Florence Marie Louise Cassez, acusada de pertenecer a una banda de secuestradores y delitos adyacentes, en territorio nacional (nacional mexicano).
Vamos viendo. Para cerrar de manera prematura, el círculo de mi personal festejo por el aniversario de mi periódico (mí de mío) recordaré que el primer texto que publiqué en esta nueva travesía se llamó “Shatra”, el nombre que los gitanos dan a su clan errante. Como dije entonces, se trata de un bellísimo film. En el que todo el mundo es gitano: el director, el guionista, los actores y los técnicos.
En un momento dado el viejo jefe del clan, ya no sé a propósito de qué, le pregunta a un joven: “Dime, muchacho, según tú, ¿quién sabe más, el sabio o el lerdo?” –“Pos el sabio, maestro, sin duda”, contesta, asombrado, el joven. –“Te equivocas, chamaco, el lerdo lo sabe todo, el sabio nunca está seguro de nada”.
Recuerdo ese hermoso y edificante diálogo a propósito del tristemente célebre caso Cassez (perdón por la cacofonía, no es mi culpa). Según las encuestas, una proporción importante de la población de nuestro país considera que la gabacha es culpable y su condena justa.
Hay algo peor que un pendejo. Y eso es un pendejo con iniciativa. Y aún peor, un pendejo con opiniones. No voy a sostener que todos los que consideran así nomás que Florence Cassez es responsable son pendejos. No. Dios me libre. Pero sí que hay muchos.
Entre quienes aseguran a pie juntillas que la joven gala es una delincuente hipócrita, hay no poca gente normalmente respetable, entre ella algunos periodistas notables, cuyos textos aparecen en periódicos de prestigio; algunos incluso comparten conmigo las páginas de Excélsior. No voy a mencionar sus nombres por simple respeto colegial.
Pero lo que me es imposible callar, lo que me considero incapaz de pasar por alto, es que la gente honesta que afirma la culpabilidad de Cassez —y hablo únicamente de los que no lo hacen de mala fe— ignoran no ya los pormenores del caso, sino incluso los pormayores.
A todos aquellos hombres y mujeres de buena fe que quieran informarse seriamente y poder sostener una opinión cimentada, los invito a leer alguno de estos dos escritos. Para los que tengan el interés, el tiempo y la paciencia necesarios, es indispensable leer el texto de la ponencia del ministro Zaldívar. Son más de 150 fojas apretadas y redactadas en la engorrosa jerga jurídica. Pero no se arrepentirán, son real y deplorablemente jugosas. Como consuelo, piensen únicamente que no son sino el resumen de los miles y miles de cuartillas que contiene el expediente completo y que Arturo Zaldívar no tuvo más remedio que chutarse. Lo encontrarán en el sitio de internet de la Suprema Corte, en https://es.scribd.com/doc/84583541/Version-publica-PROYECTO-ARTURO-ZALDIV...
Para aquellos, en cambio, que no tengan el hígado suficiente, les bastará un buen resumen con fotos a colores y toda la cosa, en https://www.youtube.com/watch?v=cYEKuyL-CBo&feature=related
Ahí se convencerán, sin asomo de duda, de la enormidad que nuestras autoridades políticas, policiacas y judiciales están cometiendo.
El señor Presidente de la República, que afirma sin titubear que respetará el fallo de la Suprema Corte, ¡como si pudiera no respetarlo!, debería recordar el apotegma de su ilustre antecesor Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”, sólo que en aquella ocasión quienes lo vulneraban eran los franceses, y los agredidos los mexicanos, mientras que esta vez, licenciado Calderón, el derecho ajeno vulnerado es el de una ciudadana francesa, y el agresor el gobierno que usted preside.
El gesto del ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea no sólo lo honra a él, sino a toda la máxima instancia a la que pertenece. Y honra a nuestro país. No se trata de lo que piensen otros sobre el ejercicio de la Justicia en México. Se trata de lo que pensemos nosotros.
*Matemático
