Avanza la ignorancia

Los políticos deberían acostumbrarse a que, durante las campañas, a varios medios de comunicación les da por jugar Maratón con los candidatos.

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

El desliz que el precandidato priista Enrique Peña Nieto tuvo en la Feria Internacional del Libro en donde confundió autores de libros y no se acordó de nombres de títulos, fue como una bola de nieve que fue arrastrando a varios precandidatos a su paso. Ernesto Cordero y Mario Delgado, tuvieron sus respectivos incidentes: el panista dijo que el libro La isla de la pasión había sido escrito por Isabel Restrepo y no por Laura Restrepo, mientras que el secretario de Educación del Gobierno del Distrito Federal tuvo un lapsus muy brutus y señaló que Cien años de soledad era de Mario Vargas Llosa, para corregir de inmediato su error.

El último en sumarse a este cuadro de honor fue el ex secretario de Salud, José Angel Córdova Villalobos, quien dijo que “El principito, de Maquiavelo” era uno de los libros que más le habían impactado. Entonces no se supo si se refería a El príncipe de Maquiavelo, a El principito de Antoine de Saint-Exupéry o de plano al Príncipe del Rap.

La pregunta “¿qué libros le han marcado su vida?” se ha convertido en la pesadilla de todos los políticos que acuden a una entrevista o tienen una presentación pública, porque han tenido que ir a Google a buscar “clásicos de la literatura universal”, escoger los títulos y autores que puedan pronunciar y memorizarlos. Muchos de ellos se han sorprendido de que el “libro vaquero” no es considerada una lectura obligada, que el Retrato de Dorian Gray no es un catálogo de medias y lencería y que los libros de texto gratuito no son la saga de ninguna novela.

Pero si algún candidato, precandidato, pretentonto, aspirante o suspirante piensa que el riesgo termina ahí, está muy equivocado. Los políticos deberían acostumbrarse a que durante las campañas, a varios medios de comunicación les da por jugar Maratón con los candidatos. Les hacen preguntas rápidas con el objeto de ver si avanza la ignorancia, lo cual además casi siempre sucede. Cuestionamientos del tipo: “¿Cuántos artículos tiene la Constitución?”, “¿Cómo se llaman los niños héroes?”, “¿Quién escribió El llano en llamas?, “¿Cuánto cuesta el boleto del metro y el del metrobús?”, “¿Cuál es la capital de Nayarit?”, abundan en época de elecciones.

Para evitar que los políticos sean sorprendidos una vez más, La inmaculada y un grupo de almas caritativas decidieron elaborar un manual de bolsillo llamado La respuesta perfecta. En este ejemplar de cinco hojas con letra grande y dibujitos se explica claramente que a la pregunta “¿cuál es el libro que le ha marcado la vida?”, no responda de ninguna de las siguientes maneras: los libros para colorear, los plumones que utilizaba siempre me marcaban el uniforme; Crepúsculo, Harry Potter o Memín Pinguín. Tampoco deben decir: La enciclopedia británica, El almanaque o el libro de álgebra de Baldor.

También se explica claramente que ante las preguntas “¿Qué libros prefiere leer?”, o “¿Qué género literario le gusta más?”, no responda ni “los de monitos” ni “el género femenino”.

El manual incluye además una compilación de respuestas sugeridas por grandes maestros de la comunicación con ilustrativos ejemplos.

“¿Quién promulgó la Constitución de 1917?” R. “1917 no es mi departamento”, respuesta cortesía de la ex presidenta de la Fundación Verónica Ortiz, que cuando se le preguntó en televisión sobre un posible desvío de recursos ocurrido un año antes de que ella presidiera la organización, respondió: “¿Estás hablando de 2002? 2002 no es mi departamento”.

“¿Cómo se dice que murió el niño héroe Juan Escutia?” R. “Yo tengo las manos limpias”, recomienda responder el presidente Felipe Calderón; “¿Dónde perdió la mano, Álvaro Obregón, el manco de Celaya?” R “Búsquenla debajo de la cama”, sugiere contestar el ex procurador de justicia mexiquense, Alberto Bazbaz.

“Dígame usted, ¿quién promulgó las leyes de la Reforma?” R. “¿Y yo por qué?” propone el ex presidente de México Vicente Fox. Y si de plano el candidato no quiere responder ninguna pregunta, siempre estará la famosa respuesta que dio López Obrador a Víctor Trujillo cuando no quiso contestarle preguntas de cultura general: “Yo tengo mi estrategia, no creo que sea conveniente para mí”.

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