Vulnerabilidad en Tacones

Dejar a un lado el mundo propio por amor es una tontería.

La vida me ha enseñado tres cosas importantes: no depender de nadie, no abandonar mi mundo por entregarme al de mi pareja y nunca dejar de creer que el amor existe. Sólo que estas tres premisas combinadas crean una bomba de tiempo, porque cuando encuentras el amor, terminas dependiendo emocionalmente de esa persona y, cuando entregas el corazón y tiras las barreras que no te permitían enamorarte, te das cuenta de que inventas un nuevo mundo en el que, al parecer, solamente tienen cabida dos personas, tú y él.

Cuando me separé, hace más de dos años, me di cuenta lo vacía que había quedado; mis amigos eran sus amigos que obviamente escogieron su lado, yo tenía a mi familia que no es muy grande, a María y a Chamán, mi perro. Hice un recuento de los daños y me convencí de que dejar a un lado mi mundo propio por amor era una tontería y que el dolor que me causaba esa dependencia emocional era algo que no repetiría; escupe para arriba y te caerá encima.

Hice una larga rehabilitación en cuanto a mi vida, recuperé a mis amigos que había dejado en el olvido, hice un nuevo círculo que hoy es parte importantísima de mi vida y me creé la necesidad de este mundillo para que mi alma esté tranquila. Hace poco me preguntaron que cuántos amigos tenía y contesté que los puedo contar con los dedos de una mano. Tengo un montón de gente a la que quiero y que estoy segura que me quiere, pero amigos, amigos, lo que se dice amigos, que conozcan mi vida de pies a cabeza, sólo algunos. Sin embargo, ese mundillo lleno también de personas que no necesariamente son mis mejores amigos, son parte de mi vida y los que hacen que mantenga mis pies en la tierra y no me deje elevar, olvidando lo que sufrí aquella vez cuando lloraba sobre las piernas de María.

Volver a tener una relación seria me ha recordado muchas cosas y me ha resaltado otras que no dejan de alucinarme, incluso me divierten. Me doy cuenta de la mujer independiente que hice crecer en mí, alguien que se vale por sí misma y que hasta puede mover una montaña, paso a pasito, es sólo cuestión de tiempo. Me di cuenta que no estaba buscando el amor para que me llenara vacíos, sino para hacer más grande mi vida. No necesito el amor para vivir, sin embargo, no quiero vivir sin amor y, cuando algo no se necesita, sino que se tiene por motu proprio es mucho más hermoso y enriquecedor. Ahora me doy cuenta de que tener al lado a un hombre que me protege, desde emocional, hasta físicamente, es un tesoro, y aunque sé que puedo valerme por mí misma, hoy deseo valerme con él.

Depender emocionalmente de alguien es el terror que tenemos las mujeres hoy en día; una vez que lo hicimos y nos fue tan mal, es casi inconsciente la lucha por no volver a caer bajo ese embrujo, pero, como en todo lo importante, es dejarnos volar con la persona adecuada y no entregar las armas a la primera de cambio para que con esas mismas nos fusilen en el paredón del desamor. Hoy veo para atrás, y aunque disfruté las relaciones que tuve entre mi última relación seria y mi relación de ahora, veo que todo sirvió para aprender algo, sobre mí, sobre el amor, sobre la importancia de ser una mujer de una sola pieza antes de volver a entregar mi corazón. No se trata de buscar medias naranjas, bien lo decían Las Aparicio: una mujer completa no necesita mitades; sin embargo, sí se trata de encontrar a ese hombre que nos trate como princesas, con el que podamos jugar a ser vulnerables, al que le dejemos cargar las bolsas del súper y llevar el desayuno a la cama, que nos solucione algunos problemas que nos cuesta trabajo solucionar. Al fin y al cabo eso es el amor: formar un equipo de dos para enfrentar un mundo lleno de adversidades que se atenúan cuando tomas su mano.

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