Reacciones
México Evalúa se convirtió en el enemigo público número uno de Aguascalientes. Antes de aclarar, conocer, examinar, se lanzaron juicios lapidarios, se conjeturaron motivaciones obscuras.
México Evalúa presentó a principios de semana un índice (el IVVI) que analiza la evolución de delitos violentos en cada una de las demarcaciones del país. Su enfoque es en la víctima y en la violencia, porque creemos que es ahí donde la autoridad debe enfocar sus esfuerzos. Propusimos, así, parámetros para medir lo que en verdad nos importa: los delitos que atentan contra nuestra vida e integridad.
Desde su nacimiento, México Evalúa tiene el mandato de la medición y la evaluación. Los mexicanos somos ciudadanos desinformados y en esa condición hemos sido presa de todo tipo de abusos a lo largo de los años. Nuestro trabajo consistiría entonces en trabajar recolectando y analizando información sobre el quehacer gubernamental, con la finalidad, no sólo de transparentarla, sino también de motivar mejores resultados en las políticas del gobierno. Acompañaríamos así el trabajo de otras instituciones de análisis con quienes compartimos el objetivo de promover un México mejor.
En México, medir es difícil porque la información es muy escasa. Múltiples ámbitos de la actividad gubernamental siguen sellados para que no se cuele el escrutinio ciudadano. Esto es particularmente patente en algunas entidades del país. La medición, entonces, llega hasta donde la información lo permite y, en algunos lugares, se permite poco. Evaluar, además, entraña otro tipo de dificultades, como el sortear las reacciones de los propios evaluados. Por el país que somos y, sobre todo, por el país que fuimos, pasar a las autoridades por métricas de desempeño sigue siendo un anatema. Por eso la descalificación a ultranza, la reacción casi innata de querer matar al mensajero que simplemente es un portavoz.
De inicio anticipamos que el IVVI provocaría reacciones. En la situación delicada que vive el país y a la puerta de un proceso sucesorio, una evaluación en materia de seguridad causaría escozores. Por estas razones cuidamos que la metodología del IVVI fuera sólida y también transparente. No quisimos incluirle variables de percepción, aunque son fundamentales en cualquier evaluación de la inseguridad, porque con frecuencia los trabajos se desestiman cuando no están basados en “datos duros”. Utilizamos además cifras oficiales. Mediríamos el desempeño de las autoridades con la información que ellas mismas reportan. Nuestro propósito, lo recalco, acercarnos a dimensionar (al menos poner un piso) al número de víctimas de delito violento en el país y seguir su trayectoria en tiempo pasado y actual.
El IVVI ciertamente provocó reacciones. La abrumadora mayoría fueron respuestas prudentes y naturales de quienes recibieron una calificación y solicitan los criterios bajo los cuales fueron examinados. Otras fueron de sorprendente cordialidad, de quien asume que organizaciones como México Evalúa llegaron para quedarse en la vida pública nacional. Mejor llevarla bien. Nunca imaginamos, sin embargo, que los resultados del IVVI fueran a convertirse en un agravio para amplios sectores de la sociedad y gobierno de una de las entidades evaluadas.
En su trabajo, México Evalúa reportó que Aguascalientes había sido uno de los estados con más deterioro en su posición relativa entre 2010 y 2011. Un delito, la extorsión, es el que complica la situación de inseguridad de la entidad y la coloca por encima del promedio nacional. La información, reitero, es la que el gobierno del estado suministró al Sistema Nacional de Seguridad Pública, dato que, al ser computado con el resto, generó un valor. Sin mano negra.
A partir de la publicación de esta información, México Evalúa se convirtió en el enemigo público número uno de la entidad. Antes de aclarar, conocer, examinar, se lanzaron juicios lapidarios, se conjeturaron motivaciones obscuras sobre la institución y su objetivo. Tan fácil como abrir la página de internet de la institución, para constatar la motivación de la organización y reconocer entre los miembros de su Consejo a personas honorables, a mexicanos ejemplares. Tan sencillo como consultar el documento motivo del diferendo, para revisar la metodología y sacar conclusiones.
Hoy, en tierras hidrocálidas hay un ánimo enardecido contra una institución que lo único que quiere es contribuir con análisis y estudios a mejorar la situación del país en estos tiempos que sentimos que lo perdemos. El enemigo no puede ser una institución conformada por profesionales comprometidos con su quehacer, que analiza, estudia y evalúa. El enemigo está en otro lado y es mejor verlo que ignorarlo.
Yo refrendo mi absoluta disposición a escuchar las críticas o comentarios a la metodología del estudio, a mejorarlo y a corregir, si ese fuera el caso. No acepto la descalificación sin fundamento, ni la intimidación. México Evalúa seguirá haciendo su trabajo con profunda convicción porque bien vale la pena hacerlo por este país.
*Directora general de México Evalúa
