¿Tregua?
El gobierno mexicano decidió enfrentar al crimen y eso fue el inicio de un plan para acabar con ellos. Y lo sabemos, no fue estrategia suficiente, pero detenerla, en lugar de enriquecerla, resultaría en un despropósito.

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Vaya manera de sugerir el fin de la ola de violencia la que hizo la famosa revista Forbes, la misma que tiene datos que ubican a El Chapo como uno de los grandes millonarios del mundo. Textualmente, le pide al gobierno mexicano que pida una tregua con los grupos criminales para que, al menos, los números sobre vidas perdidas dejen de crecer. Suena absurdo, a pesar de su intención. “Bajita la mano”, como dicen por ahí, culpan por los números a la estrategia del gobierno mexicano.
Y es que, según lo escriben en la revista, habría que dejar que los grupos criminales se pelearan sólo entre ellos: seguir con sus negocios en lo oscurito, como siempre lo habían hecho, antes de salir de sus guaridas, peleándose territorios, plazas, vengándose y ajustando cuentas con traidores, soplones, todo entre criminales. Dejar, pues, que el narcotráfico se quede a la sombra, con el conocimiento de que ahí están, pero sin enfrentarlo, pues en la lógica de la revista, al menos así regresaría un poco de paz, ya que la sociedad civil no sería blanco (sólo mercado, en consecuencia).
Pienso, a estas alturas: ¿no significaría eso una rendición? El gobierno mexicano decidió enfrentar al crimen y eso fue el inicio de un plan para acabar con ellos. Y lo sabemos, no fue estrategia suficiente, y es tan rígida que poca oportunidad da para que su espectro llegue a todos los flancos; pero detenerla, en lugar de enriquecerla, resultaría en un despropósito mayor, porque hoy sabemos el poder real de los cárteles.
Hoy sabemos de lo que son capaces, se han calentado, porque también se han dado algunos golpes, capturas de cabezas importantes y, así, difícilmente podrían tranquilizarse. Las debilidades de las autoridades han sido expuestas, redes de corrupción descubiertas en el interior de las instituciones, torpeza en la ejecución de operaciones… lo que necesitamos no es una tregua, sino una estrategia, lo hemos dicho varias, varias veces, que apunte a varios puntos y no sólo a uno. Que no sea una guerra, sino un plan de acción. Que no sea ofensiva, sino una autoridad puesta en su lugar.
Addendum. Y otro absurdo que, inevitablemente, nos hace entender por qué tantas cosas en el país no funcionan. Primero las conocimos como las “Ladies de Polanco”, ahora sabemos que una de ellas es Azalia, La Negra, una de las concursantes de la primera emisión de Big Brother. Una “ciudadana” que no “la hizo” en la conducción, tampoco con un disco grupero y, menos, Dios mío, como periodista; pero que, como pudimos ver en el video que circuló en las redes sociales, se pinta sola para hacer uso de una arrogancia ridícula. La agresión, verbal y física, que sufrió el policía que pretendía detenerlas tras haberse negado a la revisión en un alcoholímetro, y que lo deja impotente, entre la espada de su autoridad y la pared a la que lo llevaron las agresiones de Azalia y su acompañante, dejan claro ese abuso con el que muchas veces los ciudadanos nos escudamos de obligaciones físicas. Estas dos personas, ni ladies ni de Polanco, son el claro ejemplo de una sociedad que pide derechos, pero que no está dispuesta a pagar con ninguna obligación.