Hace un año

Desde finales de abril de 2010 se perdió la oportunidad de reglamentar y ordenar lo que hoy ya tiene un sinnúmero de intereses.

Hace un año, en abril de 2010, el Senado votó la Ley de Seguridad Nacional que hoy se sigue discutiendo.

Una ley urgente para darle certeza jurídica al actuar del Ejército en la lucha en contra del crimen organizado.

En este espacio hemos anotado que, a la fecha, la presencia del Ejército en las calles está avalada por la tesis de jurisprudencia que dictaminó la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tras la acción de inconstitucionalidad que presentó desde el año 1996, en marzo, el entonces diputado federal, Leonel Godoy Rangel, por la presencia del Ejército en Michoacán, enviado por el entonces presidente Zedillo para cumplir con labores de salvaguardar la seguridad interior.

Si bien esta tesis es un sustento jurídico para que el Ejército colabore con los civiles en la lucha en contra del crimen organizado, los cambios en la SCJN desde aquel 1996 a la fecha y los que vengan en el futuro hacen necesario que la norma bajo la cual se sustente esta colaboración sea más sólida. Lo que se requiere es una ley constitucional.

Y es precisamente eso lo que se ha estado discutiendo desde abril de 2009, cuando el Ejecutivo envió al Senado la primera iniciativa para reformar la Ley de Seguridad Nacional.

Hace un año, el Senado aprobó esa ley con 105 votos a favor, uno en contra y una abstención. Posteriormente fue enviada a la Cámara de Diputados para su posible ratificación, que nunca llegó.

En ese momento la discusión estaba en manos del Ejecutivo, el Legislativo y el Ejército. No había la presencia de la sociedad civil, ni la cantidad de intereses que se tienen hoy en día, peleando por quitar o poner atribuciones.

No estaba Javier Sicilia hablando en contra de la Ley de Seguridad Nacional.

El tema estaba más o menos controlado y las discusiones se llevaban a cabo desde la Secretaría de Gobernación que todavía comandaba Fernando Gómez Mont.

La votación del 27 de abril de 2010 pudo haberse capitalizado como histórica ya que, fuera de dos votos, el resto del Senado aprobó esta ley fundamental. El resto del Senado, incluida evidentemente la izquierda. Una izquierda que, desde 1968, se ha sentido agraviada con el Ejército, pero que, el año pasado, en voz de los senadores Tomás Torres y Pablo Gómez, aplaudió ley.

Pero quizás hubo un exceso de ambición del Ejército, que los llevó a cabildear con la Cámara de Diputados para que la minuta de San Lázaro fuera mucho más generosa con las Fuerzas Armadas.

O quizá la entrada de Francisco Blake Mora a Bucareli cambió las prioridades sobre la importancia de sacar adelante la Ley de Seguridad Nacional.

El hecho es que desde finales de abril de 2010 se perdió la oportunidad de reglamentar y ordenar lo que hoy ya tiene un sinnúmero de intereses encontrados y demasiados reflectores mediáticos como para ser aprobado de forma tersa y positiva.

En política, el timing es todo. Y para la Ley de Seguridad Nacional, el timing hoy no está de su lado.

Veremos en septiembre.

            En twitter: @AnaPOrdorica

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