Un albino mamut llamado IFE…

El Instituto Federal Electoral pide un presupuesto para 2012 de 10 mil 661 millones de pesos.

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

Los mamuts se extinguieron porque comían demasiado, acabaron con los pastizales y finalmente, pese a sus largos y retorcidos colmillos, no hubo manera de que sobrevivieran al desastre ecológico que su voracidad había causado. Al desaparecer quedaron de ellos algunas osamentas, porque sus huesos siempre fueron grandes, y tirados aquí y allá sus mojones excrementicios, maloliente recuerdo de que los perdió su equívoco proceder.

Una variedad de mamut, el Elephas primigenius albus, se distinguía tanto por su tamaño como por su abulia. Su desmesurada talla lo obligaba a consumir grandes cantidades de alimento. Incapaz de modificar sus hábitos, en su destructivo andar acabó con el alimento y le sobrevino una defunción pasiva, por inanición, pues nunca se caracterizó por su despliegue de energía. Así desapareció el mamut albino, con una muerte tan inútil como su vida.

El caso viene a cuento porque el Instituto Federal Electoral pide un presupuesto para 2012 de 10 mil 661 millones de pesos. Sí, leyó usted bien: diez mil seiscientos sesenta y un millones de pesos, cifra que no incluye el financiamiento a los partidos, porque si así fuera la suma andaría cerca de los 16 mil millones de pesos. Si se aprueba su petición, a precios corrientes el IFE recibirá 25% más que hace tres años y 50% más que en 2006, aunque en términos reales el aumento en seis años sea “solamente” de poco más de 20%: una bicoca de dos mil millones de pesos.

El señor José Luis Alcudia Goya, quien firma como “coordinador nacional” del IFE, arguye que el aumento se justifica porque las elecciones de 2012 serán las “más grandes de la historia de México ya que con los comicios federales para Presidente de la República, senadores y diputados; (punto y coma) coincidirán 15 elecciones locales en las que se disputarán más de dos mil cargos públicos”, en momentos en que el “padrón electoral (es de) 82.5 millones de ciudadanos”.

 Lo que no dice el señor Alcudia es que las elecciones locales se realizan con cargo al presupuesto de las respectivas entidades que, además, le pagan al IFE por servicios del Registro Federal de Electores, como uso del padrón. Igualmente, yerra Alcudia Goya al calcular el número de participantes en las elecciones del año próximo, pues muchas personas no cambiaron a tiempo su credencial vencida, la “03”, y por lo tanto la lista nominal se reduce considerablemente, pues los expertos estiman que serán 76.3 millones los que tendrán derecho a votar. Y al haber menos electores, lo esperable es que se planee un número menor de casillas y se reduzca el gasto en varios renglones. Pero el cálculo es otro.

El insaciable apetito del IFE despertó las iras del petista Ricardo Monreal, quien tachó al Instituto de “siniestro” y marcado por la falta de transparencia. David Penchyna, legislador del PRI, recordó que “hay antecedentes y cuestionamientos sobre los manejos financieros del Instituto”. Solamente el inefable Juan Molinar salió en defensa de la actitud presupuestívora del IFE. No podía ser de otra manera, pues su partido, el PAN, fue el beneficiario de la más que discutible actuación de los consejeros del IFE en 2006, el año del cochinero electoral.

A estas alturas, con el IFE y el TEPJF enlodados hasta el cuello por el desprestigio, bien harían ambas instituciones en desaparecer. Lo único que la sociedad mexicana puede agradecer hoy al IFE es haberse convertido en munífica fuente de empleos, pero ni siquiera eso justifica su ilimitada voracidad. Así que, por favor, no mamut.

        *Periodista y autor de Milenios de México

            hum_mus@hotmail.com

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