¿Y usted?
Si no la paramos, la realidad se seguirá de largo. El desempleo y la crisis sólo echarán más leña al fuego.
¿Usted se alegra de que EU podrá endeudarse más para no caer en default? No habrá default: su deuda está en dólares y puede imprimirlos. Así cualquiera paga. El problema es otro.
S&P no descalificó a la economía de EU, sino a su gobierno (y sus bonos). Pero eso no importa. Tras el anuncio los inversores vendieron acciones y fueron a “refugiarse”… en los T-Bonds. Se deshicieron “del riesgo” y buscaron lugar “seguro”. ¿Cómo no van a hacer eso si todos los días desayunan “crisis de deuda soberana europea”? No los guía la razón sino el miedo. ¿Y a usted?
Pero ¿estará decayendo EU? ¿De qué sirve que no caiga en default si va a pagar con chatarra? ¡Claro! ¿O usted cree que van a rematar su oro o su capital tecnológico (o su armamento) para honrar sus deudas? Pues no. Van a imprimir papel.
¿Por eso aparecen nubarrones en el horizonte? Se equivoca usted. El problema es otro.
La recesión no será una sorpresa cuando se haga oficial. Con petróleo a más de 100 dólares no hay economía que aguante. Pero ¿es nueva o es continuación de la de 2008?
Nunca salimos realmente del problema. Frank Biancheri se lo advirtió al G 20 en una carta abierta en 2009. El dólar ya no puede respaldar el orden financiero y monetario mundial. Mientras ello no se resuelva, la crisis sólo se agravará. Los líderes mundiales no hicieron su tarea y no la harán. Se limitaron a imprimir dinero, ocultando los problemas de fondo. La anestesia más cara de la historia duró tres años, el dolor aminoró, pero el cáncer siguió allí.
En estos tres años debió crearse una divisa global de referencia sobre la base de una cesta de las principales monedas en función de la nueva realidad económica. Debió coordinarse a escala global un sistema de controles sin miedo de disciplinar a los banqueros, acabar con los paraísos fiscales, destruir las “armas financieras de destrucción masiva” y auditar con rigor ahí donde están los problemas reales: Estados Unidos e Inglaterra (Grecia es apenas la punta del iceberg).
Mientras el sistema financiero no se sustituya, no habrá estabilidad en el precio de las commodities y la energía, no habrá solución sin excesivos costes sociales para los problemas de deuda soberana y no se detendrá el chantaje para forzar el rescate de bancos “too big to fail”.
Una vez logrado ello, habrá que pasar a lo importante: revolución energética y alimentaria global, la cooperación más intensa en la historia humana para acabar con la dependencia del petróleo, el hambre y la amenaza del cambio climático. No tenemos tanto tiempo: apenas una o dos décadas, quizás tres. ¿O cree usted que podremos vivir, hacia 2040, ocho mil millones de seres humanos con apenas 60 millones de barriles de petróleo diario, bajo estrés hídrico y con el clima enloquecido? Cambiar no es una opción, es nuestra alternativa de supervivencia. Y lo lograremos.
Soy utópico. Prefiero serlo a ser ingenuo y confiar en que todo va bien. He dicho que los líderes actuales no están a la altura de lo necesario. Habrá cambios de gobierno esenciales en 2012. Podemos creer que llegarán “los mejores” y harán lo necesario. Pero también pueden llegar populistas-fascistas a encerrarse y sacrificar chivos expiatorios. Las locuras de Anders Behring Breivik deberían recordarnos que, cuando creemos que ya pasó lo peor (el crash del 29), la realidad siempre se supera a sí misma (el ascenso del fascismo en plena depresión) y va por más (Guerra Mundial). Si no la paramos, la realidad se seguirá de largo. El desempleo y la crisis sólo echarán más leña al fuego. ¿Quiere usted ver disturbios? Encienda la televisión.
¿Ve por qué prefiero ser utópico?
¿Y usted?
Profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac México Norte.
