Asalto contra Efraín Bartolomé

El matrimonio Bartolomé Belmontes, agredido y vejado, fue también robado.

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

En la madrugada, destruyendo vidrios y cerraduras, con lujo de fuerza, una veintena de encapuchados entró en la casa del reconocido poeta Efraín Bartolomé. Él y su esposa, la arqueóloga Guadalupe Belmontes, al grito de “¡Al suelo, hijos de la chingada, al suelo!”, fueron obligados a hincarse mientras varios asaltantes mantenían sus armas apuntadas hacia la cabeza de sus víctimas, quienes durante un hora debieron contestar las más peregrinas preguntas de aquellos enmascarados —“Las armas, ¿dónde están las armas?”—, uno de los cuales golpeó al poeta en la cabeza y le tiró los lentes. Por supuesto, aquellos individuos nunca presentaron orden de cateo o de detención expedida por un juez, y tampoco obraban en flagrancia, pues en el lugar no se estaba cometiendo ningún crimen, y por lo tanto incurrían en varios delitos. Ruidos previos al asalto pusieron sobre aviso a los habitantes de la casa, quienes insistentemente llamaron a la policía capitalina, que llegó ¡a las once de la mañana! (Así de eficientes son los muchachos del médico Manuel Mondragón y Kalb, el inepto secretario de “Seguridad Pública” del Distrito Federal, quien por cierto no ha dado la cara en estos días).

Tiras mexiquenses atracan en el DF

El matrimonio agredido y vejado fue, además, objeto de robo: los asaltantes se llevaron un reloj Omega, una cámara fotográfica, la memoria de la computadora (el USB) y lo que resulte una vez que revisen en calma la casa que, como ocurre en estos casos, quedó en completo desorden, con puertas y ventanas semidestruidas, ropa y otras pertenencias tiradas. Lo mismo pasó en dos casas vecinas, la de la bióloga Patricia Magaña y su hija, y la de sus padres, octogenarios. El atraco fue en la colonia Torres de Padierna, a unas cuadras, muy pocas, de la Subdelegación Lomas de Padierna, de Tlalpan, pero ni por eso la policía capitalina respondió al llamado, de donde se deduce que hubo complicidad. Oficialmente se informó que fueron policías del Estado de México los autores del asalto, pero Efraín Bartolomé escribió en El Universal que eran de la PFP porque vio esas letras en los uniformes, como también las vio su vecina Patricia Magaña. Horas más tarde se informó que había sido capturado —a kilómetros de distancia— Óscar Osvaldo García Montoya, presunto líder de una pandilla conocida como La mano con ojos, al que se atribuyen 600 asesinatos (¿las policías federal y mexiquense esperaron hasta que cometiera 600 homicidios para detenerlo?).

Usted perdone, y a seguir igual…

Hacia las dos o tres de la tarde se presentó en la casa de Efraín Bartolomé el procurador del Estado de México, Alfredo Castillo, quien ofreció disculpas y prometió que se haría un avalúo de los daños para pagar lo que corresponda a los habitantes de la casa. Y ya… Marcelo Ebrard dijo que estaba enterado de la operación, pero que no se le dijo de los allanamientos. Hasta ahora no se ha detenido a ninguno de los asaltantes, pese a que según el jurista José Lavanderos, de la agrupación Abogados por la Justicia y los Derechos Humanos, hay varios delitos que perseguir, como usurpación de funciones, allanamiento de morada y robo a casa habitación. Por supuesto, no se trata de un caso aislado. La Comisión Nacional de Derechos Humanos “recomendó” a Gobernación, la SSP, la Defensa y Marina, procuradores y otros funcionarios no realizar cateos ilegales “que abren la puerta a otras violaciones de derechos humanos, como detenciones arbitrarias y torturas” que “se han convertido en una práctica común de las autoridades de seguridad en el combate a la delincuencia”, como lo demuestra la alarmante cifra de 3 mil 786 quejas recibidas por la CNDH, derivadas de cateos ilegales en los que “las autoridades ingresan al domicilio de las personas, las amenazan, lesionan, alteran pruebas y las detienen, además de que les roban sus pertenencias”.

Falleció Margarita Villaseñor

En la Ciudad de México, donde nació en 1930 —otra versión dice que 1934—murió la poeta Margarita Villaseñor, licenciada en letras francesas por el IFAL, maestra en letras españolas por la Universidad de Guanajuato, doctora en letras españolas por la UNAM y doctora en literaturas comparadas por la Universidad de París. Autora de media docena de títulos de poesía, uno de los cuales, El rito cotidiano, la hizo merecedora en 1981 del Premio Xavier Villaurrutia . Adaptó varias obras para teatro y con La Celestina, trabajada en colaboración con su amigo Miguel Sabido, recibió en 1970 el Premio Festival de Manizales. Incursionó igualmente en el cine como guionista, y para televisión escribió El extraño retorno de Diana Salazar (1988). Recibió el Premio a la Mejor Adaptación de la Asociación de Escritores por Comala y otros murmullos (1986). En su casa ofreció una recepción a todos los participantes en el Festival de Poesía que se improvisó en Cultisur, cuando Cuauhtémoc Cárdenas canceló, en 1982, el Festival de Poesía de Morelia. Era una persona querida.

Que todo está bien en Bellas Artes

El INBA declaró que “el comité de especialistas encargados de evaluar la rehabilitación de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes calificaron (calificó) como ‘coherente’ y ‘sin riesgo’ el remozamiento a que fue sometido” ese espacio (Excélsior, 8 de agosto de 2011). “Luego de tres días de mesas de trabajo, en las que investigadores nacionales y extranjeros revisaron las modificaciones (hechas) a la sala, concluyeron que no existe riesgo de perder la declaratoria como Patrimonio Universal otorgada por la UNESCO”. El propio Instituto Nacional de Bellas Artes dijo también que en el Centro Histórico de la Ciudad de México ningún monumento sustenta individualmente “Valor Universal Excepcional”, así, con mayúsculas. El resto de la información emitida dice que el INBA ha hecho todo muy bien. Lo que no dice es que ese “comité de especialistas” fue integrado unilateralmente por Bellas Artes y que ese instituto le pagó a cada uno de sus integrantes la suma de 700 dólares, que ciertamente no es mucho dinero para gente calificada, pero que sí implica un compromiso con quien convoca y paga. Habrá que conocer la opinión de Icomos-Mexico. Todavía no se ha dicho la última palabra sobre el asunto.

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