Farolito de la calle
Los programas sociales existen en todos los países desarrollados del mundo, pero de lo que siempre estaré en contra es que sean utilizados simplemente para administrar la pobreza.
En materia de combate a la pobreza, el gobierno capitalino ha reflejado resultados preocupantes, ya que a pesar de los diferentes programas sociales que maneja, primordialmente a través de la Secretaría de Desarrollo Social, en los últimos dos años se ha incrementado el número de capitalinos que pasaron de estar considerados en situación de pobreza moderada a pobreza extrema, incluso indigencia. Cifras que el Consejo de Evaluación del Distrito Federal (Evalúa-DF) dio a conocer a la opinión pública.
Uno de los problemas está vinculado a que de los más de 450 programas sociales existentes en la presente administración, no cuentan con criterios de transparencia o metodología efectiva que permita garantizar que los recursos asignados a cada programa lleguen hasta el bolsillo de los ciudadanos que verdaderamente lo requieren.
Como ejemplo podemos citar el programa de asistencia y apoyo de adultos mayores, del cual no existe un padrón por delegación, ni mucho menos un mapeo estadístico; en él podemos encontrar personas de la tercera edad que, sin tener la necesidad de contar con ese apoyo, disponen de él; por otro lado, podemos encontrar un número alarmante de adultos mayores que, a pesar de encontrarse en una situación de pobreza considerable, no cuentan con ese apoyo del GDF por ignorancia o por carecer de algún tipo de documento requerido para ser inscritos a dicho programa. Pero el ejemplo no queda sólo ahí; dicho programa carece de una metodología que permita la revisión efectiva, por ello podemos encontrar que existen tarjetas que siguen recibiendo el apoyo económico y se mantienen activas a pesar de que el beneficiario haya fallecido.
Los gobiernos de la ciudad, al menos desde 2000, sólo se han ocupado en administrar la pobreza sin dar el paso al frente y combatirla de forma cierta y contundente, ya que, para ellos, las clases sociales carentes de servicios básicos como salud, vivienda y alimentación son vistos simplemente como votantes y sólo en ese rubro los administran cada tres años para servir a sus intereses mezquinos. Por ello la opacidad en los programas y en la falta de efectividad en la lucha en contra de la marginación y pobreza.
Es menester aclarar que no estoy y nunca estaré en contra de programas sociales, ya que ellos existen en todos los países desarrollados del mundo, pero de lo que siempre estaré en contra es que sean utilizados simplemente para administrar la pobreza y servirse de ellos, tal y como sucede en el GDF.
Lo que nuestra ciudad requiere es una visión humanista que, sin eliminar programas sociales, fije objetivos bien determinados en resultados medibles en el tiempo que permitan brindar a nuestra ciudad mayor calidad de vida y, por ende, mayor justicia social.
Por el momento, el GDF debería de cambiar su estridencia hacia fuera de nuestra capital y ponerse a trabajar, ya que parece que son farolito de la calle y oscuridad de su casa.
