México: país de pobres
La cantidad de mexicanos en lamiseria aumentó casi 6.56% en dos años.

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
La semana pasada, el secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), Gonzalo Hernández Licona, dio a conocer una triste noticia para el país.
Informó que, en México, el número de pobres se incrementó en tres millones 200 mil personas entre 2008 y 2010. Pasamos, de tener 48 millones 800 mil, en el primero de esos años, a 52 millones en el otro. En resumen, según este dato, la cantidad de mexicanos en la miseria aumentó casi 6.56% en estos años.
De esos 52 millones de ciudadanos en penuria, 11 millones 713 mil fueron ubicados en pobreza extrema en 2010, mientras que en 2008 la cifra era de 11 millones 675 mil, lo que quiere decir, de acuerdo con el funcionario, que “hay un incremento de 38 mil personas”.
El titular del Coneval recalcó que faltan cambios grandes e importantes para que la economía tenga el crecimiento que no hemos tenido en varios años y que el resultado de eso tuvo que ver —sobre todo— con la disminución del ingreso y añadió: “La combinación de estos factores, unos que mejoran, otros que no lo hacen, hizo que la pobreza en México se incrementara en estas magnitudes”.
Esta revelación llega a la luz pública en el peor momento para el gobierno federal, que había venido tratando de trascender la idea de que “somos un país de clases medias”; que nuestra economía es sólida frente a los avatares económicos internacionales; nuestras reservas internacionales son las más grandes de la historia y que, en general, vamos por buen camino.
Las cifras vertidas son resultado de una política económica equivocada, carente de sensibilidad social y de rumbo. En 2008, el presidente Calderón y el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, minimizaron la crisis internacional de aquella época y la recesión de Estados Unidos, y este último hasta presumió de que, “cuando a los norteamericanos les daba un catarro, a México le daba pulmonía. Ahora sucede lo inverso, a ellos les dio pulmonía y nosotros estamos con un catarro”.
En lugar de tomar previsiones, se aferraron a sus políticas econometristas clásicas: “Macroeconomía sana y rica” vs. “Microeconomía de pobreza”. ¿Cómo entender que tenemos decenas de miles de millones de dólares de reserva, con más de 52 millones de pobres?
No existe un programa característico del gobierno de Calderón en contra de la pobreza. Se montó en el de Oportunidades, que tiene sus antecedentes desde los gobiernos priistas, y en el Seguro Popular, que fue producto de las políticas que el doctor Julio Frenk desarrolló como secretario de Salud en el sexenio pasado. Ambos programas los desarticuló y corrompió con políticas partidarias y clientelares.
Se pronostica una crisis por la deuda excesiva de EU y ya quedó evidenciado que no estamos “blindados” ante ello. Además, las elecciones federales del año venidero habrán de generar un gasto excesivo, que en nada contribuirá a mejorar las condiciones de pobreza de nuestros connacionales menos favorecidos.
Ojalá que los afanes por mantener el poder presidencial no estén basados en una estrategia que incluya un gasto desordenado y, en cambio, se tomen medidas importantes para evitar que se agrave la pobreza que es, sin duda, el principal aditivo de la violencia que padecemos. El destino de la nación está en juego.
*Doctor en Derecho y profesor de la UNAM