Jaime López y su Chilanga Banda

Celebremos que los mexicanos tenemos un compositor como Jaime López

Desde la época en que el Café Tacvba rindió tributo a compositores latinoamericanos y a sus canciones en el disco Avalancha de éxitos, se me ocurrió que mis compañeros y yo podríamos formar una banda que acompañara a Jaime López en el escenario o en un disco especial. Fue hasta hace pocas semanas que esa idea se pudo realizar.

La versión que le hicimos a Chilanga banda, canción que Jaime grabó junto con José Manuel Aguilera en Odio Fonki. Tomas de Buró, tuvo mucho éxito.

Fue el primer sencillo de nuestro tercer disco y aunque la letra era incomprensible incluso para muchos mexicanos, en varios países de Sudamérica logró “posicionarse en la radio” (como decían las disqueras en antaño).

Debido al inusitado éxito en esas tierras a Jaime López le pidieron que elaborara un diccionario en el que definiera y explicara cada palabra de su composición. Dicho minidiccionario lo llevamos a las radios de Perú, Colombia, Argentina y Chile, pues los radioescuchas querían saber qué tanto cantaba Rubén, que en esa época se llamaba Anónimo.

Recuerdo que en estos países hacían concursos para ganar boletos para nuestro concierto, en donde ponían a los participantes a cantar la rola. Era impresionante que se la supieran, pero aún más increíble era escuchar la letra cantada con acento porteño o paisa, en vez del entrañable (u odiado) tonito chilango.

Por más que en las entrevistas insistíamos que la canción era original de un cantautor mexicano llamado Jaime López los reporteros no dejaban de preguntar: “¿y cómo se les ocurrió esa letra?”

Era inútil explicar el gran talento del maestro López, tendrían que vivirlo en carne propia como los que lo admiramos.

La primera vez que lo vi fue por televisión en el Festival OTI de 1985 cantando Blue Demon Blues y traía el pantalón de la pierna derecha arremangado hasta la rodilla como si hubiese llegado a Televisa andando en bicicleta.

En el suplemento cultural del extinto periódico Novedades, hablaban de Jaime y de Rockdrigo Gonzáles clasificándolos como Rock Rupestre.

Lo vi de nuevo en el programa de Alejandro Aura en el Canal 13. La verdad es que moría por verlo en vivo, pero era muy chico para ir a los antros en donde Jaime se presentaba.

Conseguí los discos de La primera calle de la soledad y el de Arpía, de Cecilia Toussaint, que cantaba sus canciones, y desde entonces he seguido de cerca la carrera del autor nacido en Matamoros, Tamaulipas en 1954.

La oportunidad de llevar a cabo mi idea de acompañar a Jaime se concretó en la primera edición de la FIM en Guadalajara.

Le escribí a Jaime un correo para hacerle la propuesta, con los nombres de lo músicos que pensaba invitar, junto con las canciones que quería que presentáramos. Jaime aceptó todas mis ideas y nos pusimos a trabajar para llegar bien ensayaditos al Teatro Diana el 18 de junio.

Los músicos que convoqué fueron Luis Children Ledezma, Quique Rangel, Ramiro del Real, Andrea Balency, Emmanuel del Real y Rubén Albarrán. Yo me quedé en la guitarra rítmica y en la conceptualización del concierto. Los integrantes del Café Tacvba estábamos al completo a disposición de las canciones de Jaime. Éstas fueron las que yo consideraba más representativas, algunas de las cuales Jaime llevaba años sin tocar, como Ella empacó su bistec y Ay, ay, asústame.

El concierto comenzó con Jaime cantando a capella “lo que te voy a contar” y terminó con un palomazo del Javis, guitarrista del mítico grupo tapatío La revolución de Emiliano Zapata, tocando un blues interminable acompañado de Jaime, Quique y Children.

Espero que pronto repitamos la experiencia de tocar este proyecto llamado Jaime López y su Chilanga Banda en la Ciudad de México. Y si se puede una gira, mejor.

Tocar canciones inspira, y reta, a escribir otras igual.

Celebremos que los mexicanos tenemos un compositor como Jaime López.

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