La Fed y su encrucijada
- Muchos elementos a considerar alrededor de la decisión de hoy.
- No hay incentivos para mantener una postura relajada de política monetaria.
Las reuniones de política monetaria de los bancos centrales siempre son importantes aunque como en todo, esta condición varía. Quizá cuando usted lea esta Consejería ya conocerá la decisión que tomó la Reserva Federal de EU (Fed) en la reunión que hoy concluye y en la que además de conocer sobre la tasa de interés todo mundo espera encontrar algún indicio sobre lo que el banco central estadunidense hará en relación con su postura de política monetaria que se ha materializado en un relajamiento que ha tenido como paso más reciente al famoso QEII, que como sabemos en principio tiene limitaciones en monto y plazo, que en ambos plazos están llegando a su término.
Además de lo anterior, en esta ocasión el contexto en que ocurre la junta incrementa el interés en su resultado, como suele ocurrir. Desde luego que los límites temporal y cuantitativo importan, no sólo por sus dimensiones sino por sus efectos. Es decir, todos sabemos que la decisión de expandir el balance de un banco central, con el fundamento que sea tiene consecuencias en el nivel de los agregados monetarios que, cuando se transforman en demanda ponen presión sobre los precios.
Y en este caso, los precios en Estados Unidos no parecen acusar tal presión, al menos a través de la demanda, puesto que no ha habido la expansión de crédito que se esperaba por parte del sistema bancario —que es la herramienta de instrumentación que los bancos centrales tienen para sus decisiones de política monetaria—, lo que sugiere que el público no está dispuesto a endeudarse.
De hecho, es admitido por los que seguimos estos temas, que tanto las empresas y las personas aún están en un proceso de desendeudamiento que suele ser prolongado después de crisis tan profundas como la que hemos pasado y que entre otras cosas genera desempleo en altas tasas y sobre todo, incertidumbre de volver a la condición de poder tener un trabajo estable.
Podría decirse que la inflación que ha empezado a registrarse en la economía estadunidense, en su mayor parte tiene qué ver con el incremento en los costos de las materias primas y la energía, lo que eventualmente puede liberar de la Fed de una parte de la presión por subir las tasas, por ahora. Pero la inflación es la inflación.
En el escenario no puede dejarse de lado la condición fiscal sobre la que he escrito varias veces en el pasado reciente y que no tiene espacio para apoyar a la economía y que además tiene sobre sí una observación de S&P que como he expuesto en este espacio tiene como destinatario al sector político de aquel país, para encarar sus problemas de déficit y deuda más seriamente. ¿Se atreverán a cortar gastos y a subir impuestos en una época electoral? Habrá que ver.
Por otra parte, resulta que los datos generales de la economía han mejorado y los resultados de las empresas en el primer trimestre no han resultado mal (el S&P 500 y el DJIA están en sus niveles mayores desde el segundo trimestre de 2008), más allá de los temas de empleo que evidentemente siguen siendo el dolor de cabeza número uno de esa economía y de la administración de Barack Obama, que no goza de su mejor momento de popularidad (está en el peor, por cierto).
Y como usted sabe, amigo lector, desde mi punto de vista el ciclo de alza de las tasas de interés ya se inició, por las acciones tomadas por varios bancos centrales. Así las cosas, pareciera que, más allá de lo que ocurra y que tal vez usted ya lo sepa por cuestiones de horarios, tengo la impresión que la Fed no tiene muchos incentivos para continuar con su postura relajada de política monetaria y que terminará en tiempo y forma con su QE II, no habrá un QE III y en su momento, tendrá que unirse al ciclo de alza de tasas de interés, quizá en los últimos meses de este año.
En el fondo, el reto para la Fed es conservar su credibilidad como banco central independiente lo que no es una tarea fácil de cara a una economía aún deprimida —para sus estándares—, un gobierno emproblemado, competencia financiera, un balance abultado y una inflación que, como titulé a alguna de las Consejerías recientes, empieza a levantar la mano. Suerte.
