Despilfarramos los recursos, y lo presumimos; no tenemos remedio
Nuestros políticos dan subsidios sin establecer metas que el beneficiado debería alcanzar en un plazo determinado.
Una práctica muy socorrida de nuestros políticos con miras a incrementar su popularidad y llevar votos a los suyos, es subsidiar sin exigir un cambio en la conducta del beneficiario. Nuestros políticos lo dan sin establecer metas —por mínimas que fueren—, que el beneficiado debería alcanzar en un plazo determinado; en estas condiciones, el subsidio es un simple regalo, dádiva que a nada obliga.
La crisis reciente —que por más que se diga que ya la dejamos atrás, sigue viva y coleando—, demostró lo dañino que puede llegar a ser una política de subsidios indiscriminados la cual, por el afán del político de quedar bien con sus electores o no querer importunarlos con la cruda realidad, llevó a muchos países a la crítica situación que hoy enfrentan.
La parte positiva de la crisis, fue haber evidenciado —en no pocos países— los absurdos anteriores; la falta de sustentabilidad financiera de los mismos y la propensión a otorgarlos sin considerar la fuente de ingresos correspondiente, tiene postrados hoy, a más de uno.
Entre los subsidios que menos se justifican está, sin duda alguna, el que “compensa” al poseedor de un auto para no pagar el precio que debería por el litro de gasolina. Este subsidio, vendido como “necesario y útil” para combatir, entre otras cosas, las presiones inflacionarias, alcanza aquí al igual que en Venezuela, Bolivia e Irán por citar sólo unos cuantos países, niveles peligrosos en materia de finanzas públicas.
Si bien la justificación de algunos da risa: “Somos productores de petróleo, ¿por qué no debemos disfrutar de dicha riqueza mediante un precio bajo de la gasolina?”, la de otros parece “técnica”; lo que al final de cuentas la explica, es la simple búsqueda, hoy, de una popularidad dudosa y mañana, la de votos para los que defienden el subsidio. Dígame usted si no:
“En ese sentido —las presiones inflacionarias— México está en una condición muy favorable con respecto al resto del mundo. Parte de esa contención en los precios se debe también a que en fechas recientes, con el crecimiento importante que ha tenido el precio de los energéticos a nivel mundial, las gasolinas en todo el mundo se han disparado de manera muy importante, lo cual no ha sido el caso de México.
“En México el desliz mensual que tenemos está muy por debajo de lo que están creciendo los precios de las gasolinas en el resto del mundo, de manera que México sigue teniendo de las gasolinas más baratas del mundo, y cada vez más, dado que nuestro deslizamiento es mucho menor al crecimiento que están teniendo las gasolinas en el resto del mundo, y eso también ha ayudado a que no tengamos las presiones inflacionarias que tienen en otras partes del mundo.”
El subsidio podría llegar —este año—, a los 110 mil millones de pesos, monto equivalente al triple de lo presupuestado. ¿En qué países se ven estos montos para este tipo de subsidios? ¿En los que su gobierno teme al elector, y por eso disfraza la gravedad del problema con afirmaciones como las anteriores? Por lo demás, debe decirse pues es lo justo, que lo que hace el actual gobierno también lo hicieron los anteriores; en este aspecto, unos y otros son iguales.
La experiencia negativa en otros países —en cuanto a los efectos de los subsidios que no se justifican en modo alguno—, aquí no es tomada en cuenta; ¿de seguir con esta política, cuánto más aguantará nuestra economía? ¿De aquí a julio de 2012? ¡Perfecto! Con eso ganamos, dicen algunos.
