Grete Waitz transformó el maratón
Sus éxitos la convirtieron en una leyenda viva. Ganó Nueva York en nueve ocasiones.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Acaso, con el fin de apreciar la dimensión de grandeza de la noruega Grete Waitz, fallecida la semana anterior, sea necesario recordar que: roto el estambre de la prueba final de los 800 m lisos en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928, las atletas, una tras otra, como consecuencia del ingente esfuerzo, proyectaron tal imagen de fatiga que el COI decidió borrarla de inmediato del programa. Corrían peligro mortal y había que protegerlas.
A la luz de aquella época la razón era clara: la naturaleza de la mujer era frágil, delicada; su cuerpo no tenía resistencia. La idea ceñía la mente con la fuerza constrictor del tabú.
La decisión la tomó el conde Henri de Baillet-Latour, segundo presidente del Comité Olímpico Internacional. Unos lo señalan como el culpable del lento proceso evolutivo del atletismo femenino y otros sencillamente le colocaron la etiqueta de misógino.
Si juzgáramos a los hombres con el prisma de su época y de su entorno tendríamos otro escenario muy diferente al que creemos ver con el flujo del tiempo. Quizá, incluso aquella frase escalofriante, “matadlos a todos, ya Dios reconocerá a los suyos” atribuida al inquisidor Arnaldo Amalrico, tendría otro matiz.
En los Juegos de la Grecia antigua los hombres competían desnudos y las mujeres, las casadas, no podían asistir como espectadoras a las competencias. Las solteras no tenían esa prohibición y abarrotaban las tribunas. Llevaban un minucioso registro estadístico que discutían acalorada y apasionadamente. Eran más que fanáticas por el atletismo, idólatras. Le rendían abierto culto.
En los Juegos modernos el atletismo femenino se incorporó en 1928 con cinco pruebas: 100 y 800 m lisos, el salto de altura, lanzamiento de disco y relevo 4x100m. Muchos aficionados siguen creyendo que las mujeres compiten “desde principio de siglo”, y no ha sido así. Los 800 m regresaron a la pista olímpica en Roma 60. Mientras, las pruebas de distancia seguían un lento proceso.
Hoy lo normal es ver a las mujeres en maratón. Pero retrocedamos a 1966. ¡Lo tenían prohibido, se prohibían las carreras mixtas! Roberta Gibb participó en Boston en calidad de invitada. Y al año siguiente lo hizo con Kathrine Switzer, en plena clandestinidad. Se registró un desagradable incidente cuando un juez quiso empujar a Switzer y luego el novio de ésta empujó al juez. La mujer no tenía cabida.
En el 70 la aparición de la noruega Grete Waitz y su dominio sobre la distancia causó impacto. Sus éxitos la convirtieron en una leyenda viva. Ganó Nueva York en nueve ocasiones. La primera vez fue el 22 de octubre de 1978. Fue la primera campeona mundial de maratón en Helsinki 1983. Logró medalla de plata, después de Joan Benoit, en el primer maratón que se celebró en JO, Los Ángeles 1984. Ganó dos veces Londres. Batió cuatro veces la plusmarca mundial de maratón. La redujo en casi nueve minutos. El 18 de abril en Londres dejó un registro mundial de 2:25.28.7. Fue cinco veces campeona mundial de cross country. El pasado 19 de abril falleció de cáncer a los 57 años de edad.
Los esfuerzos de la noruega Grete Waitz la proyectaron como una de las grandes precursoras del maratón.
Sus victorias abrieron las puertas olímpicas y popularizaron la distancia clásica de los 42,195 m, transformaron la atmósfera social y deportiva del maratón.