Otra raya…

Todo aquel equipo cuyos propietarios no gocen de una solidez económica y moral, no deben seguir participando en México.

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Una y otra vez la llegada de propietarios sin un pasado y un presente claro deja mal parado al futbol mexicano.

Una vez más no cuidar de antemano la procedencia y prestigio de quienes compran a un club nacional empaña el devenir del deporte más popular en nuestro país.

¿Cuántas veces más?

Incomprensible resulta que se hayan esperado hasta el final de la campaña para suspender a los Tiburones Rojos de Veracruz de su derecho, ganado en la cancha, para participar en la Liguilla de la División de Ascenso por falta de pagos y solvencia económica.

Me cuesta trabajo entender las formas de dirigir de la Federación Mexicana de Futbol, entre muchos otros asuntos, el de la honorabilidad de los propietarios de los clubes de las principales divisiones parece no preocuparles.

Se han tenido casos lamentables como el de los Colibríes, de aquel Capi Jorge Rodríguez, del que nunca se supo más, o el de aquellos jovencitos de un equipo de Michoacán, los Mapaches, de un poblado llamado Nueva Italia, que fueron detenidos con todo y directivos en las canchas del América en Coapa, en pleno partido.

No quisiera abundar en un tema que es evidente, que lamentablemente, como la putrefacción en ocasiones sale el fétido olor de las cloacas. Es muy fácil indagar quién es quién, al menos se debe hacer un esfuerzo, pues hoy lo único que se necesita para comprar a un equipo es dinero.

No se requiere un pasado de limpieza, de solvencia económica y moral, sólo dinero. Y por esos vaivenes de los negocios, en ocasiones poco sustentables, los problemas no se hacen esperar.

Lo de los Tiburones Rojos de Veracruz parece ser otra raya más al tigre de los dueños, poco sólidos, en este caso, económicamente hablando.

Pero el asunto de fondo es identificar cuántos equipos huelen mal.

Urge una limpieza de fondo.

Todo aquel equipo cuyos propietarios no gocen de una solidez económica y moral, no deben seguir participando, pues los resultados, el futuro y la transparencia están en juego.

Solo recordar que en las Grandes Ligas de beisbol se realiza un trámite muy riguroso para aceptar nuevos propietarios. Todo aquel que tenga un pasado poco claro es rechazado por los propios accionistas de los equipos que cuidan sus inversiones y el futuro de la liga.

¿Cuántos casos más como los citados con antelación se descubrirán en el futuro?

¿Cuándo pondrán un “hasta aquí” los dueños del futbol?

Que no pierdan de vista que es un asunto muy delicado y que duermen con el enemigo.

Al mal paso darle prisa.

Que no les tiemble la mano.

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