Tanto que cuesta conseguir una copa, son muchos días de trabajo, largas jornadas de espera, cualquier cantidad de noches soñando.
Alzar una copa y llegar a lo más alto del éxito es seguramente el momento que tanto anhela un deportista. Presumirla ante su gente y saberse campeón significa haber conseguido el objetivo.
Pero quién iba a decir que ese trofeo tan anhelado podía perderse tan rápido. Se le fue de las manos a Sergio Ramos. La imagen ya le dio la vuelta al mundo. El futbolista español dijo que no la tiro sino que la copa se aventó de alegría al ver a tanto madridista en la Cibeles.
Un pretexto bien entendido por todos. Al final la copa fue destrozada por el autobús que llevaba a los campeones. Es lo de menos para el madridismo, saben que ese título estará por siempre en la mente, en la historia y que muy pronto no habrá de otra, tendrá que llegar una réplica a las vitrinas.
Y seguramente será la más recordada por ellos, no sólo por la trágica y chusca imagen, sino porque le ganaron muy bien al que yo siempre he dicho que es el equipo que mejor futbol ha desplegado a lo largo de la historia.
A raíz de este nuevo título merengue han venido todo tipo de versiones. El que critica el sistema de juego del Real hasta el que aplaude la forma en cómo, finalmente, alguien pudo vencer al equipo que parecía ser invencible.
Sí, esa máquina de hacer buen futbol, estos blaugranas que llevaban mucho tiempo sin mostrar una debilidad, los mismos que ganan de local o visitante, los que nos han dejado muy claro a lo largo de los últimos años que se puede exhibir un futbol atractivo y efectivo.
Ante ellos, 11 merengues, que si tú quieres verlo así, se encerraron durante 115 minutos, no cedieron espacio, apretaron en cada una de las líneas, no le dieron tiempo de pensar a los genios de enfrente y agotaron la paciencia de un grupo que finalmente comprobamos es de humanos y no de máquinas.
Mérito de un técnico que, como lo dijo Cruyff en la semana, “es un entrenador de títulos no de futbol.” Como quieran y quien lo diga una vez más, Mourinho brilló por su inteligencia técnica y táctica. Mostró ser un tipo atrevido porque, aunque no lo crean arriesgó y mucho. No sólo mandó a diez jugadores a la cancha para defender. Les hizo entender que había que jugar con paciencia y mucha disciplina.
Nunca se salieron de ese script también hecho por el míster. Llevaron al cabo las indicaciones que venían escritas en cada uno de los capítulos.
Primero, defender bien, después tener el balón, de esa forma desesperar al rival y aprovechar el mejor momento por medio de la jugada indicada para acabar con el poderío que en cualquier momento podía llegar a explotar el conjunto blaugrana.
Todos se llevan la ovación, el reconocimiento para el jefe Mou que no deja de ganar títulos tal y como lo dijo Cruyff.
