Quemados

El fuego que se ha presentado en diversos municipios de Coahuila desde el pasado 17 de marzo, ya ha desvastado 72 mil hectáreas.

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

No es de extrañar, que los políticos y funcionarios estén permanentemente buscando algún bombero que les apague los incendios mediáticos en los que se ven envueltos un día sí y otro también. Viven permanentemente quemados, tanto que el olor a humo se ha convertido en parte de su esencia natural. Tal vez por eso ya no pueden reconocer un incendio natural y real cuando se les presenta.

El fuego que se ha presentado en diversos municipios de Coahuila desde el pasado 17 de marzo, ya ha desvastado 72 mil hectáreas.

Estos incendios, según la Comisión Nacional Forestal, son los más graves en los últimos 13 años. Ante esto, es muy fácil culpar de este desastre al diabólico cambio climático que junto con la desalmada temporada de sequías y los perversos vientos cambiantes, han avasallado bosques y pastizales.

Pero antes de que a algún diputado se le ocurra proponer una iniciativa de ley para castigar hasta con 80 años de cárcel a quien ayude a los vientos a volverse huracanados, o que quiera declarar ilegales las sequías, habría que preguntarse si realmente la culpa de estos incendios los tiene la despiadada naturaleza o detrás de esta catástrofe ecológica hay, para no variar, negligencia y dejadez.

Para empezar, los incendios forestales se presentan religiosamente durante esta temporada, no sorprenden a nadie, incluso el presidente Felipe Calderón puso en marcha el pasado 14 de febrero la Campaña Nacional contra Incendios Forestales.

En este evento rechazó “el falso dilema” de que no es posible crecer, combatir la pobreza y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente.

El falso dilema, sin embargo, no es si se puede crecer o no cuidando el medio ambiente, sino si se puede cuidar el medio ambiente manteniendo a los mismos funcionarios y a la misma burocracia de siempre.

Escalofriantes resultaron las declaraciones de Edgar Piñón, Director General de la Comisión Nacional Forestal en Coahuila, diciendo que ya tenían contratados los servicios de tres aviones y dos helicópteros, así como equipo para hacer frente a los incendios, peroooo sólo faltaban los trámites administrativos para su internación al país. Lo que garantiza que se quemen otras diez mil hectáreas.

Por su parte, el presidente de la Comisión de Protección Civil del Senado de la República, Francisco Alcibíades García, afirmó que el próximo lunes solicitaría que se entreguen urgentemente a Coahuila los 103 millones de pesos del Fondo Nacional para Desastres Naturales.

Eso sí, será hasta el lunes porque el fin de semana se debe respetar como Dios manda, total ya se quemaron miles de hectáreas, a nadie hace daño unas cuantas más.

El Secretario de Medio Ambiente, Juan Rafael Elvira Quesada, no se podía quedar atrás. Primero, declara que de continuar las altas temperaturas el fenómeno de los incendios se replicaría.

Ante tan científica reflexión sólo queda encomendarse al Altísimo, tratar de negociar con la temperatura o hacer una marcha contra Hefesto, el dios del fuego.

Asimismo, el funcionario ofreció el 29 de marzo, 12 días después de que empezaron los incendios, los recursos necesarios para que la entidad hiciera frente a los siniestros.

Claro, primero había que liberar este dinero, cumpliendo unos cuantos requisitos que incluían la presentación del acta de nacimiento, bautizo y confirmación por triplicado de doña emergencia ecológica.

Es una lástima que estas declaraciones que caen como balde de agua fría y dejan helado a cualquiera no puedan materializarse, para que por lo menos así pudieran ayudar con algo a controlar los incendios.

El gobierno federal había tratado de convertir a México en el paladín del medio ambiente, en un ejemplo de compromiso ecológico de los países desarrollados y en desarrollo, pero a la hora de la verdad, queda en evidencia que no sólo de buenas intenciones vive el hombre (ni el medio ambiente).

Los incendios contribuyen con la quinta parte de las emisiones que provocan el cambio climático, sin contar con el impacto de la destrucción de árboles y áreas verdes.

La imagen de México como un país verde y comprometido con el medio ambiente se está quemando tan rápido como las miles de hectáreas en Coahuila.

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