Libre albedrío vs. destino

Los agentes del destino es de ese género de películas que uno quisiera ver interpretada por Harrison Ford, hasta por Tom Cruise, pero su director y escritor George Nolfi optó por un actor sólido, sí, pero al que le faltó garra para encarnar a un personaje que pasa ...

Los agentes del destino es de ese género de películas que uno quisiera ver interpretada por Harrison Ford, hasta por Tom Cruise, pero su director y escritor George Nolfi optó por un actor sólido, sí, pero al que le faltó garra para encarnar a un personaje que pasa toda la película en el límite, contra las cuerdas.

No le niego grandes cualidades interpretativas al protagonista de Los agentes del destino (Adjustment Bureau, Estados Unidos, 2011), pero ha mostrado que se desempeña mejor en historias más intimistas como su gran éxito Mente indomable, Invictus, Syriana, etcétera. Sin duda en el cine de acción logró muy buenas interpretaciones en las tres películas derivadas de El caso Bourne, novela escrita por Robert Ludlum, y hubiera sido muy provechoso para Los agentes del destino que parte de esa intensidad y de su gran entrega para caracterizar a Jason Bourne los hubiera aplicado ahora para llevar a la pantalla a David Norris, pero a fin de cuentas algo falta que no convence.

Adjustement Bureau está basada en el relato Adjustement Team (Equipo de ajuste), escrito por Philip K. Dick, en 1954. Dick fue uno de los escritores de ciencia ficción más influyentes en la literatura estadunidense y otras obras suyas han sido llevadas a la pantalla, como Minority Report, Sentencia previa, dirigida por Steven Spielberg e interpretada por Tom Cruise; El show de Truman, de Peter Weir, que se inspira en Tiempo desarticulado, y sin duda la adaptación más lograda es la que derivó en Bladerunner, de Ridley Scott, basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

En Los agentes del destino Dick vuelve a mostrar su obsesión por el destino, el azar, por el libre albedrío, por las fuerzas externas (estamos hablando de ciencia ficción), que de alguna forma pueden moldear nuestras acciones en función de ciertos objetivos.

Con un buen inicio, la película presenta a David Norris (Damon medio flojo a veces y que no convence, porque a veces él tampoco parece convencido), un carismático y ambicioso político en campaña para lograr un lugar en el Senado. Tras concluir un evento en un hotel entra a un baño —de hombres— y de un gabinete sale una joven que está de colada en una boda. Conversan un rato y a los pocos minutos la química explota entre ambos, se besan con pasión y quedan perdidamente enamorados. Ella es Emily Blunt, muy bien en el personaje de una mujer que no entiende las desapariciones del hombre que ama.

Lo que Norris no sabe es que ese encuentro no sucedió por azar, sino que fue organizado por misteriosos sujetos de traje e imprescindible sombrero, quienes controlan el destino de los humanos, y que ya tienen planes específicos para él, entre los que no está, por supuesto, que su relación con la joven prospere. Se pierden de vista y un mes después volverán a coincidir en un autobús, hecho que ya no estaba en los planes de los enigmáticos agentes del destino. El problema para ellos es que esta vez David ya no está dispuesto a perder a la mujer de su vida.

Los agentes del destino tiene un arranque que genera expectativas y la premisa es sumamente atractiva. Todo hace pensar que vamos a ver una gran película de ciencia ficción bien manejada a nivel visual y con ritmo, pero lo que pudo haber sido una exploración de la eterna contraposición de la libertad y el destino escrito e ineludible desarrollando al personaje central hasta la paranoia, se convierte en una historia de amor facilona con un desenlace más que predecible, seguramente por la inexperiencia de George Nolfi, que tiene en esta su primera película.

Falta también explotar a los personajes de reparto, tener por ahí a un Terence Stamp y no aprovecharlo en secuencias en que se acerca más a un predicador religioso que a un villano, es un crimen.

Entre las cualidades de Los agentes del destino está la pareja protagónica que se ve bien junta. La viabilidad de la historia descansa en que sea creíble para el espectador que la pareja sufre un feroz ataque de amor a primera vista, y eso se logra en gran medida porque Damon y Blunt tienen buena química.  Aunque, insisto, Damon pudo haberse convertido en una fiera mucho más interesante y oscura manejado en forma correcta por su director. ¿Dónde quedaron esas agallas que le imprimió a Jason Bourne? 7/10.

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