El Premio se lleva los premios
Como se vio venir desde que se exhibió la película, El premio fue la ganadora del Mayahuel como Mejor Largometraje mexicano de ficción, máximo galardón del Festival Internacional de Cine de Guadalajara tras nueve días de un evento que contó con más de 100 mil ...
Como se vio venir desde que se exhibió la película, El premio fue la ganadora del Mayahuel como Mejor Largometraje mexicano de ficción, máximo galardón del Festival Internacional de Cine de Guadalajara tras nueve días de un evento que contó con más de 100 mil asistentes, ofreció 440 funciones, tuvo 30 pantallas de exhibición, siete galas, 14 funciones al aire libre y fue cubierto por 855 periodistas nacionales y extranjeros.
El premio es una película mexicana en esquema de coproducción con Francia, Polonia y Alemania escrita y dirigida por Paula Marcovitch, argentina de nacimiento, pero que vive en México desde hace más de 20 años. En la cinta ella plasma pasajes autobiográficos de su infancia durante la dictadura militar en Argentina contando la historia de Ceci, interpretada en forma excepcional por la actriz Paula Galinelli Hertzog, una niña que, junto con su mamá —permanentemente aterrorizada— está escondida en una casucha enclavada en una inhóspita playa en un crudísimo invierno alejada del mundo, huyendo de la persecución política y sin noticias del padre de la niña para tomar alguna decisión. La cinta es un larguísimo compás de espera que está visto desde los ojos de Ceci que sabe que cuando le pregunten debe limitarse a contestar: “Mi papá vende cortinas y mi mamá es ama de casa”, aunque no entiende por qué ni cuándo acabará todo eso.
Paula Marcovitch nos adentra en la pureza del mundo infantil insertado en la complicación de los adultos, al que observan sin comprenderlo y aceptando en silencio. Es una película contemplativa que se mueve entre las coplas infantiles de Ceci, las noches heladas abrazada de su mamá, su ir y venir a la escuela, recreado todo con una bella fotografía en una narración que descansa en la interpretación de Paula Galinelli Hertzog, quien da vida a la protagonista que, a sus siete años, tiene una gran personalidad y sabe que su vida y la de su mamá dependen de su silencio.
También El premio cautivó a los representantes de la prensa que la votamos para un galardón paralelo: el Premio Guerrero de la Prensa para el Mejor Largometraje mexicano de ficción.
En el terreno del documental mexicano el Mayahuel lo ganó Morir de pie, de la realizadora y escritora Jacaranda Correa y la productora Martha Orozco. Un complejo trabajo sobre la valiente toma de decisiones de un joven revolucionario en todos los sentidos que, casado con Nelly y padeciendo una enfermedad muy limitante, descubrió su identidad femenina y optó por asumirla con todas las consecuencias. Haciendo a un lado la odiosa palabra “tolerancia”. Morir de pie es un trabajo hecho por mujeres sobre heroínas anónimas, de esas que están conscientes de que sólo tenemos una vida y que hay que tomar las oportunidades que se presentan en formas a veces dolorosas.
Hoy, Irina Layevska sigue teniendo en Nelly a una fiel compañera, amiga, enfermera, confidente. A pesar de sus limitaciones, Irina disfruta de su condición femenina, es coqueta, sensible, bonita y se aferra a la vida aunque “a veces ya me siento muy cansada”.
Una historia como la de Irina y Nelly se comprende, se acepta, pero no se tolera. No se trata de hacer favores a nadie. Son dos mujeres valientes que están mucho más allá de eso.
Las realizadoras mexicanas fueron triunfadoras absolutas en Guadalajara donde, además, otro documental valiente, Agnus Dei-Cordero de Dios, de Alejandra Sánchez, recibió una Mención Especial para un trabajo que —como ya mencionamos en este mismo espacio— dará mucho de qué hablar.
Llamó mi atención el cine documental que se está haciendo en México y en esa especialidad también fue reconocido El cielo abierto, de Everardo González, que fue distinguido con el Premio Guerrero de la Prensa al Mejor Documental mexicano. En El cielo abierto retoma el conflictivo entorno político, social y militar que se vivía en El Salvador y la transformación de un sacerdote conservador en líder del movimiento campesino de ese país a costa de su propia vida: Óscar Arnulfo Romero.
Buenas y malas producciones, algunas que no tenían ni que haber estado ahí, pero así sucede en todos los festivales de cine.
